CAPÍTULO 5 —Persuasión.

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—Jasemin… —Ella levantó la mirada, que anteriormente estaba perdida, mientras su padre esperaba una respuesta—. Dinos por favor… ¿Qué te dijo el rey? Jasemin negó, ni siquiera ella sabía en qué posición estaba ahora. —El rey… él dijo que me mandaría llamar… —Pero, Jasemin… —Almer levantó la mano ante la ansiedad de Dounia. Ambos estaban sacados de contexto después de que se despidieron del palacio por un lacayo de forma rápida, y solo esperaron a llegar para cuestionar a su hija menor. —¿Te negaste a la petición del rey de Babel? —Y Jasemin solo pudo mirar a su hermana, que estaba más callada que de costumbre mientras su padre esperaba una respuesta. —Si… Yo… yo no puedo papá… —¡Estoy harta de ella! —Amal se levantó furiosa—. ¡Te faltan tres dedos de frente! ¿Te has dado cuenta en el aprieto que nos has puesto? Almer tuvo que intervenir, y Jasemin se levantó indignada ante la falta de compresión de su hermana. —¿Ustedes? ¿Ustedes consentirían que me fuera a Babel como una prostituta? —los labios de Jasemin temblaron mientras sus padres la miraron fijamente—. ¿Se dan cuenta de que eso es lo que sería? Olvidar nuestras costumbres, adorar otros dioses… ¿En qué se han convertido? —¿Y nuestra vida?! —Amal casi gritó—. ¿Dime? O qué crees que pasará ahora que has rechazado a ese hombre… ¡Ni siquiera podré tener un marido bueno para mí! ¡Nadie nunca se acercará a nuestra familia, eso sin contar si el rey de Babel no nos mata primero! Sus padres se observaron expectantes y esta vez no callaron a su hija mayor, porque lo que dijo tenía mucho sentido. —¿Realmente están preocupados en la aprobación de la gente y no en lo que nuestro Dios piensa de esto? —Jasemin negó herida, y no esperó a salir hacia su habitación. —Esto es grave papá… esa tonta… es… —Almer tomó el aliento y luego le pidió a Dounia que lo acompañara a un salón contiguo a ese para dejar la histeria que Amal estaba exponiendo. —¿Qué crees que va a pasar? —su esposa preguntó mientras él negó una vez solos. —No lo sé Dounia… ni siquiera entiendo el asunto. ¿Qué pudo hacer Jasemin para ganarse la atención de ese hombre? Además, sabemos que lo que ella dice es verdad… que se vaya a Babel sería una maldición para ella… pero… —¿Pero? —Dounia insistió. —Esto nos puede costar la vida… y Jasemin debe pensar en ello… —¿Qué? —Hadassa hizo la pregunta en un susurro mientras vio cómo Malek no le quitaba la mirada—. Malek… —Este es mi reino, madre… y no permitiré que Aarón haga lo que se venga en gana. Hadassa bajó la mirada y negó. —Pero ella… ella puede ser una dirección para tu hermano, Malek… puede incluso cambiar cosas que… —Mamá… —Hadassa miró a su hijo, Malek tenía esa mirada decisiva de Rashad, y sus sentidos de hierro cuando pretendía algo—. Nadie puede cambiar a nadie. No puedes pretender que esa… mujer cambie la vida de Aarón cuando en su mente está muy alejado de ello. Parece que no conocieras a tu hijo… Hadassa se avergonzó. —Entonces… ¿Te interpusiste en lo que quería Aarón? —Por supuesto… haré una cena hoy… tu papá, Aarón, y la misma Haza, que viene en unas horas, estarán presentes. —¿Estás interesado al menos en ella? Yo nunca te vi interesado por alguien hasta ahora, y no quiero que tomes una decisión solo por contrariar a tu hermano… —¿Quieres que la historia se repita? —No digas eso, Malek… Aarón no es como tu padre… —Malek sonrió. —Madre, no puedes ser tan ciega… pero tienes razón. Papá nunca se comportó como un niño… a diferencia de Aarón que es un malcriado… Hadassa se levantó mientras negó. —He formado a dos hombres junto a su padre… y creo que ya es hora de hacerme a un lado, Malek… confío ciegamente a ti con nuestro pueblo, y espero que uses la cordura para con tu hermano. No tengo derecho a refutar tus decisiones, pero como madre, te pido que recuerdes que Aarón también es mi hijo, nuestra sangre, y me duele verlo en su posición… creo que a él… le importaba esta chica… Malek no se inmutó ante el comentario de Hadassa, y esperó que ella saliera del salón del trono para negar a sí mismo. Necesitaba concentrarse en los asuntos del reino que eran muchos, pero ahora mismo Jasemin venía a su cabeza como un rayo y su ceño se fruncía al saber que, de alguna forma, ella no le era irrelevante. Cuando llegó el momento de la cena, se preparó y fue un lacayo el que lo llamó para decirle que su familia estaba en la mesa. Sus hombros se tensionaron al saber que iba a enfrentar de nuevo a su hermano, y quitándose la corona, prefirió tener una reunión familiar por esta vez. Malek caminó rápido, y luego sonrió al ver a su hermana Haza que estaba abrazada con su padre. Pero en cuando sus ojos se posicionaron en él, ella corrió a abrazarlo. —¡Malek! —recibió su pequeño cuerpo y le besó la cabeza. Luego se acercó a su padre asintiendo con respeto, y le dio un beso en sus mejillas, para culminar con su madre. Sin embargo, Aarón no estaba en su entorno. —Sentémonos… —todos tomaron sus puestos, y él ordenó servir la comida. —¿No esperamos a Aarón? —Haza preguntó con respeto, y Rashad observó a Malek cuando dijo. —Supongo que si no está aquí… no lo estará después… —Y apretando su mandíbula, esperó que su hermano se hubiese ido a su reino sin ninguna complicación. —Hadassa me comentó que tienes un anuncio que hacer… —Rashad preguntó, y Malek asintió. —Sí… —¿De qué se trata? Todos se quedaron expectantes, mientras Hadassa tomó un suspiro. —Habrá una boda pronto… uniré mi vida a Jasemin, una mujer nativa de Radin, ese es mi anuncio… Rashad teruncio el ceño mirando a Hadassa. —¿Jasemin? —preguntó en tono serio—. ¿No es la misma mujer de la que me hablaste con respecto Aarón? Y Malek tuvo que tomar el aliento para enfrentar otro problema… Jasemin y su familia estaban cenando a la luz de las velas, con un apremiante silencio. Ella no tenía mucho apetito, y literalmente estaba sentada por obligación en la mesa, cuando un sirviente los interrumpió para anunciar: —Señor… tienen… una visita importante… Todos se pusieron alertas ante la indicación, y Almer se apresuró a preguntar. —¿De quién se trata? El hombre de servicio no pudo gesticular una palabra porque su comedor fue invadido por algunos hombres guerreros, que escoltaron al rey Babilonio. Jasemin se tensó de inmediato, y el rostro de la familia se puso pálido. —Majestad… —Almer se puso de pie con una reverencia—. ¿A qué debemos el honor? Aarón buscó entre la mesa, y luego chaqueó los dedos. —Hay regalos para ustedes… —y de inmediato un montón de hombres trajeron joyas, piedras preciosas, y brazaletes de oro en un botín—. Todo para mi amada Jasemin… Almer miró a su hija con terror mientras ella abrió los labios temblorosos. Este hombre estaba loco, y ahora no solo tenía miedo. —Señor… yo no… este no era el acuerdo que quedamos con el rey… —ella trató de explicarse. Aarón sonrió un poco más y le pidió que se tranquilizara. —No te preocupes, preciosa… vengo a hacer una propuesta diferente… ¿Quieres escucharla? El corazón de Jasemin retumbaba en sus oídos, y ahora ella no solo sentía el peso de esa mirada inquisidora, sino también el de toda su familia diciéndole que no diera un paso en falso…
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