ALONDRA. Al día siguiente salimos con rumbo al campo, al rancho de la familia Solís, para cumplir el último deseo de Lucia, no había tenido oportunidad de conocerla, en el pasado nuestros caminos no se habían cruzado y habría sido de esa manera si David, no nos hubiese engañado. No podía creer que no fui capaz de darme cuenta, de la clase de hombre que era en ese entonces. Creí realmente que sus intenciones eran buenas, incluso mis padres estaban encantados con él. El matrimonio entre nosotros era principalmente para funcionar las empresas de mis padres con los padres de él. Lo que hacía pensar que mis padres pretendieron usarme como moneda de cambio ¿Eran ellos parte del negocio? No sabía qué misterios había entre ellos y aunque me dijera que no estaba interesada, no podía negar

