AMÁNDONOS.

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Mariano. Después de hablar con Alondra, tomé la firme decisión de ayudar a Lucia. No sabía si en verdad se lo merecía o no, pero mi ángel tenía razón, ella iba a marcharse y no quería quedarme con el sentimiento de que pude haberle ayudado.   Se equivocó al fijarse en un hombre como David, lamentable era que no pudiéramos cambiar el pasado, sino aprender a vivir con las consecuencias de los actos cometidos. Era la triste realidad para Lucia, la vida no se olvidó de cobrarle y el karma le alcanzó por sus acciones.   —¿Estás seguro de que primero quieres conseguir el permiso?   La voz de Alondra me hizo mirar en su dirección, se veía regía, como toda una princesa con su bata de seda negra que le hacía resaltar el perfecto color de su piel. Tragué al verla caminar hacia mí, olvidé mis

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