CAPÍTULO VII-3

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Debieron avanzar poco más de un kilómetro antes que el Duque detuviera al caballo. —Vamos a caminar desde aquí— dijo—. No he olvidado lo que el Duque de St. Croix nos dijo sobre los centinelas. —¿No sería mejor ponernos en contacto con los agentes realistas?— preguntó Jabina—. Ellos deben saber mejor que nosotros dónde pueden estar los contrabandistas. —No hay tiempo para eso. Cuando encuentren al General, registrarán meticulosamente toda la zona. ¡Si no escapamos esta noche, Jabina, nos arrestarán bajo la acusación de asesinato! El Duque habló con gran seriedad y Jabina se estremeció. —No quiero asustarte— dijo el Duque con voz más gentil—, pero no debemos permanecer en Francia un minuto más de lo necesario. —No, pot supuesto que no— contestó ella. El Duque la ayudó a bajar de la c

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