La vida es un constante golpe, nada está bien, como un tractor de mula a un cachorro, como un depredador cuando ve a su víctima, siempre esperando a estar bien para atacar sin piedad y sin defensa. Peggi lo sabía, por eso sus momentos de paz y alegría siempre tenían fecha de caducidad y sabía que en cualquier momento su golpe había de venir. —Me gusta que hayas decidido venir con nosotros a esta salida improvisada —escuchó decirle a Alessio cuando le entregaba su helado. —Gracias por invitarme a su grupo de amigos —respondió mientras observaba a Eduar, uno de los de su grupo de terapia reír, aunque muy callado. —Eres bienvenida. ¿Cómo te has sentido? Te veo más tranquila. —Ya sabes cómo es: unos días van, otros vienen. Lo bueno es que he aprendido a controlar mis minicrisis con la

