Capítulo 2: ¿Quién es Lev Orlov?

1421 คำ
Narra Camille Cinco días antes de la boda. Estábamos en el aniversario de la compañía de mi padre, una celebración a la que siempre asisto con mi madre y mis dos hermanas menores. —Sonrían, niñas. Todos las están observando. Levanté la comisura de mis labios y sonreí con naturalidad a todos los que veía. En este evento, mi padre no solo vincula a sus empleados, socios y colegas, sino todo tipo de personas importantes de la ciudad de Marsella. Un camarero nos ofrece bebidas, pero solo mi madre y yo tomamos las champañas. —¿Y nosotras? —cuestionó Ana, mi hermana de quince años. —Ustedes tomarán bebidas con alcohol cuando cumplan los dieciocho, por ahora no. ¿Podría traerme alguna soda para las niñas, por favor? —Claro que sí, madame —responde el camarero. —Debimos traer nuestras propias bebidas —susurró Sabine, mi hermana de diez años. —Oh, que hermosas están las señoritas Montclair. Mi madre cambia su expresión y sonríe rápidamente. —Muchas gracias, señor alcalde. El hombre nos extiende la mano una a una y nos saluda con formalidad. Nosotras cuatro estábamos vestidas por un diseñador reconocido en Francia, es quien nos viste para ocasiones especiales. Mi padre, en cambio, suele comprar sus trajes a la medida en los viajes familiares que hacemos cada cierto tiempo. Por ejemplo, en dos meses, hemos planeado irnos a Egipto, no sé exactamente qué tipo de atuendos deseará traer de allá que sean funcionales para su trabajo; pero sé que lo hará. —Camille, querida, que hermosa… como siempre. —Oh, señora Elise, que amable. Usted también se ve muy bien. La señora Elise es la esposa de un importante político en Marsella, mi padre ha hecho negocios con su esposo en algunas ocasiones. —Mi Arturo está por ahí, deberían charlar un rato. Arturo es su hijo, siempre que me ve quiere forzar una conversación con él. —El otro mes termina su especialización, así que oficialmente será un cirujano. Su padre lo está apoyando con su clínica ¿lo sabías? —Sí, me lo dijo en el club Country hace poco. —¿Por qué no tienen una cita uno de estos días? Él está soltero, tú estás soltera. Ambos tienen un físico precioso, sé que un par de niños de ustedes, debe salir divino. La mujer sonríe como si fuera un gran plan, pero no, gracias. Aún no está entre mis planes contraer matrimonio. —La veré en un momento, señora Elise, saludaré a un par de personas más. Volveré en un momento. Me fui alejando de ella y saludando a los demás invitados, son pocos los rostros desconocidos. Casi todos van al mismo club donde mi padre tiene nuestras membresías. El evento continúa muy bien, mi padre se veía contento, digamos que satisfecho por lo que había logrado. La compañía de papá, es una empresa familiar, que fue fundada por mis abuelos hace muchos años. Mi padre se ha hecho cargo hasta entonces, es tan inteligente para los negocios que siempre lo he admirado. —¡Un brindis! —dice el anfitrión del evento levantando su copa. Mi padre aclara su garganta, se pone de pie y levanta la copa para que todos lo vean. —Quiero hacer un brindis por todos ustedes, mi equipo de trabajo. Porque sin ustedes, nada de esto es posible. Quiero brindar por mi familia, por las cuatro mujeres de mi vida, que son el motor que me impulsa a diario para trabajar y ser mejor hombre. Mi Camille, la luz de mis ojos… Mi padre me mira y sentí esas palabras en el alma. —Algún día, serás tú quien ocupe este lugar y seré el hombre más orgulloso del mun… —¡Salud! —dice alguien en el fondo. Me giré para tratar de ver quien era, pero no alcanzaba. Miré de nuevo a mi padre, y su cara se había descompuesto totalmente. —Papá —susurré para que este continuara con su discurso. Él no se veía bien, su piel se hizo pálida, no parpadeaba, como si hubiese visto a un fantasma. —¿Qué tienes, cariño? Él mira a mi madre y niega con su cabeza. —Salud por… por todos ustedes —dice llevando la copa a su boca y tomando todo el contenido de un solo trago. —¡Salud! —responden todos los demás. Mi padre se levanta de la mesa y lo veo caminar hacia el fondo, mamá me mira y ambas sabemos que eso fue extraño, pero para el resto, la fiesta continúa y no ha pasado nada. —Ya deberíamos irnos —dice mi padre tocando mi hombro. —¿Qué? ¿ahora? Él le dice lo mismo a mi madre y mis hermanas. —La fiesta no termina aún, ¿por qué nos vamos? —Nos vamos a casa ¡Ahora! —gritó haciéndome remover en mi asiento. Papá lleva de la mano a mi madre y a mi hermana más pequeña, Ana y yo estamos casi corriendo detrás de ellos tres. —¿Qué pasa? ¿por qué nos vamos? —No lo sé. La limusina estaba afuera, el conductor también estaba ahí esperando, nos abre la puerta del vehículo y subimos rápidamente. —Dimitri, ¿Qué es lo que sucede? —preguntó mamá en tono serio. —Nos iremos de viaje, así que necesito que empaquen sus cosas, solo lo más importante ¿entendido? —¿Qué? ¿así de repente? —¡Sí! no iré a la escuela —dice Sabine feliz, parece que es la única que no sabe que algo raro sucede. —Tengo algo que resolver, así que… tenemos que salir del país. —Papá, ¿Qué es lo que pasa? Él me mira y vi sus ojos cristalinos. Con esa mirada, no pude hacer más preguntas, solo asentí a sus peticiones. Llegamos a nuestra casa, la mansión Montclair, ubicada en una de las mejores zonas de Marsella. Mi padre miraba a todos lados de las ventanillas y confieso que su manera de actuar me estaba preocupando. Entramos a la casa y la ama de llaves nos recibe. —Oh, volvieron antes de lo esperado. —Señora Magnolia, ayúdele a Sabine a empacar sus cosas, un equipaje ligero, por favor, que solo lleve lo importante y también sus documentos. —Sí, de inmediato señor. Vamos, cariño. La ama de llaves toma de la mano a mi hermana y la lleva con ella hacia las escaleras que dan a la segunda planta de la casa. —Ana, has lo mismo. Mi hermana juntó sus cejas y solo se dio la vuelta y fue a su habitación. —Yo no iré a ningún lado, hasta que no me digas que es lo que pasa. ¿Quién estaba en la fiesta? Quien sea, te hizo ver nervioso o… ¿asustado? —Tengo algo que atender, es todo. Ve a tu habitación y empaca, asegúrate que Ana lleve lo que necesita. —Dimitri, no pienso mover un dedo, hasta que… —¡Solene! —gritó mi padre con fuerza el nombre de mamá—. ¡¿Podrías hacer lo que te pido solo una maldita vez?! Mi madre lleva sus manos a su boca, sorprendida por aquel grito que le había dado mi padre. Cabe decir, que papá jamás nos grita, todo lo contrario, siempre vive llenándonos de atenciones. —Señor Montclair —aparece uno de los hombres de la seguridad—. Hay un caballero pidiendo ingreso a la casa, dice que necesita hablar con usted. Mi padre abre sus ojos de par en par. —¿Quién? —preguntó mi madre. —No dijo, señora Montclair. Solo mencionó que ya el señor sabía de esta visita, algo así fue lo que dijo. ¿Lo dejo pasar, señor? Mi padre susurró un nombre, no lo dijo fuerte, pero logré escucharlo. —Lev Orlov. Fruncí mi ceño ante ese nombre, “Lev Orlov” no sonaba al nombre de alguien que haya conocido antes. Pero en ese momento, no sabía que esa persona, iba a marcar mi vida y la de toda mi familia. —No, no lo dejen pasar, no dejen que ese hombre ingrese a mi casa —soltó papá con voz nerviosa. —Está bien, señor. Ya mismo daré aviso de su orden. El hombre de seguridad no termina de sacar su radio de su bolsillo cuando se escucha un fuerte estruendo. —Es él —dijo mi padre con temor.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม