CAPÍTULO 02:

1763 คำ
────────✦──────── Liger: INICIO Libro 2 ────────✦──────── —¡Oh, no! —salió disparado del despacho con la enfermera.  No podía perderla, ella era parte fundamental del proyecto. Cuando entró al cubículo en donde Isabella estaba, algo en él se quebró. Recordó a la pequeña niña de trenzas color chocolate y ojos oscuros que siempre vivía detrás de él y de Kai. Los cuatro habían estado juntos en el orfanato. Kai de siete años, Rose de seis, la más pequeña era Isabella de tres y él era más grande que ellos de once años.  Isabella y Kai, estuvieron enamorados desde niños. Se preguntó más de una vez, cómo un amor tan profundo terminaba de esa manera. —Grace enciende el desfibrilador —ordenó Mark— ¡Ahora! —Enseguida, doctor Porter —dijo ella acatando la orden, para luego preparar una inyección de adrenalina. Los segundos pasaron en cámara lenta. Los monitores pitaban haciendo en el frío laboratorio un terrible caos. Grace iba y venía tratando de ayudar e hicieron todo lo posible. Isabella Black murió a los veinticuatro años de edad. Mark miró a Grace. Él estaba aturdido, conmocionado. Demasiadas pérdidas, demasiada muerte ese día. No solo había perdido a su hijo neonato, si no también a una hermana. Porque eso era lo que Isabella, la dulce Bella, había sido para él. —¡Esto no debía terminar así! —exclamó al mismo tiempo que sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella no tenía culpa, era la persona más noble y cordial que había conocido. Corrió en busca de su esposa. Al verla pálida y descansando, se preguntó cómo sería su vida sin ella. Sintió remordimientos, porque era innegable su traición. El hijo que Rose había llevado en su vientre durante treinta y dos semanas de gestación. Era una prueba entre el ADN de Kai y el de él, al parecer no eran compatibles. Fue cuando entonces aceptó su realidad. Mark Porter, era un cobarde que no había tenido el valor de alterar su cuerpo, y había utilizado a otros sin importarle las consecuencias. A sus hermanos, Isabella, a Kai, a y al amor de su vida Rose. Nunca tuvo el valor de someterse a la prueba. La excusa que él mismo se daba, era que él era un hombre de ciencia y si le ocurría algo, nadie podría ayudarlos en el avance de la investigación.  Se arrodilló al lado de su esposa y le tomó la mano llorando. —Perdóname, Rose —susurraba mientras le besaba la mano— Voy a hacerlo mejor, cariño. Notó como su amada esposa tenía la mano fría y comenzó a chequear de nuevo sus signos vitales.  —¡Oh Dios, perdóname! —dijo en voz alta— Si es verdad que existes, ayúdame. No permitas que mi dulce y tierna Rose también muera. De manera rápida, revisaba una y otra vez. Como si no confiara en él mismo de cierta forma.  «No me quites la única familia que me queda, Dios. Siempre he creído en la ciencia, pero ahora estoy creyendo en ti. ¡Ayúdame y te prometo que enmendaré mis actos!». Para Mark Porte fue como si Dios le hubiera dado una prueba de que le había escuchado. Porque los signos vitales de Rose se habían estabilizado en ese mismo momento. Una semana después... Mark encontró a Grace dando de comer a Kail. Era de verdad un bebé precioso, había ganado peso y era muy entendido, no parecía un recién nacido. —La verdad es que es un bebé hermoso, doctor —ella acarició su mejilla con la de el pequeño— ¿De verdad será una bestia? Mark se acercó a ellos, y pudo ver que Grace tenía razón. Era hermoso, sano y fuerte. —El grado todavía las pruebas no lo determinan. Por ahora es un bebé normal, de diez días de nacido —explicó el científico. —Señora Porter —dijo Grace, sorprendida al verla de pie. —Grace, no me llames señora —le regañó—. Ahora, déjame cargar al bebé. Grace le entregó con mucho cuidado al pequeño, y salió del laboratorio dejando a la pareja a solas.  —Cariño —el tono de voz de Mark era de duda— No creo… —¿Qué no es conveniente? —terminó Rose por él, le miró enarcando una ceja— ¿Es eso lo qué me ibas a decir? Miró con afecto al pequeño que estaba en sus brazos y sonrió. La imagen quedó grabada en los ojos de Mark. —¿Crees que sea cierta la historia acerca de que los padres biológicos de Kai eran noruegos? —Rose preguntó a su esposo con curiosidad.. —Creo que no se ganó el apodo de “El Vikingo” por gusto, cariño —respondió con nostalgia—. Siempre fue un bárbaro, no tenía miedo a nada. Solo cuando veía llorar a Bella.  —¿Por qué cambió nuestras vidas después que salimos de la casa hogar, Mark? —cuestionó dándole un beso al niño en la frente.  —Rose, parece ser que hoy te has levantado más preguntona  de lo normal —respondió él divertido. Ella sonrió, y dio un suspiro. —Es una lástima que este bebé lleve el mismo destino de sus padres —lo miró con tristeza, y besó de nuevo la frente del bebé—. Tal vez peor, sin un hogar, sin una familia y sin nadie que le diga que sus padres le amaron hasta su último aliento. —¿Qué hay en tu cabeza, Rose? —indagó Mark, pues la conocía muy bien.  —No lo entregues a la Triana, Mark —respondió, mientras mecía al niño—. Es el hijo de Bella y Kai —le recordó—. Si es verdad que alguna vez los quisiste como tus hermanos, no entregues al niño. Mark se quedó inmóvil durante unos segundos. —¿Qué quieres que haga, cariño? —preguntó Mark quitándose las gafas de lectura, y guardándolas en uno de los bolsillos de su bata de laboratorio—. Tampoco quiero hacerlo, pero debo seguir el protocolo.  —Podemos cuidarlo, Mark. Sabes que si —Rose expresó esperanzada—. Podemos hacerlo pasar por nuestro. Eres rubio también -. —-Es algo muy arriesgado, Rose —quería que ella entendiera un poco—. Él debe saber quiénes fueron sus padres. —Yo no estoy diciendo que debemos ocultar quienes fueron sus padres. Pero si quiero cuidarlo. ¿Por qué no nos marchamos ahora mismo con él? —Déjame pensar, Rose —fue lo único que respondió. —Voy a subir a la casa con él —ella resolvió.  Tomó algunas cosas que iba a necesitar, para el niño y subió con él en los brazos. Conforme los días iban pasando Rose se encariñó más con el pequeño Kail. Cuando ella le arrullaba, parecía que él se calmaba. Mark descubrió que Kail llenaba el vacío que su esposa necesitaba, y así tomó su decisión. Sin importarle las consecuencias, se dispuso a escribir su informe: Señores: International Directions of Genetics. Proyecto: TRIANA Hago de su conocimiento que los siguientes sujetos de pruebas: No. 07 Kai Black. Edad 28 años No. 84 Isabella Black. 24 años No. 85 Sujeto de prueba híbrido. 35 semanas de gestación. Han fallecido. Anexo informe detallado del deceso. Así como las autopsias correspondientes. Sin más a que hacer referencia. Dr. Mark Porter. Le dio a “enviar”. Vio a su asistente Grace moverse a su alrededor. Él ya lo había decido. Lo había planificado con su esposa. Se quedarían con el niño. —Estoy de acuerdo, con usted doctor Porter —manifestó Grace. —Es apenas un bebé, ese niño sufriría mucho si lo llevasen a los laboratorios de Nuevo México. Es un inocente. Él la miró seriamente. —Debes de prometerme, Grace —le habló de manera seria—. Que no le dirás a nadie. Ella asintió y después respondió: —Entiendo. Isabella Black, y su hijo murieron. Porque se le adelantó el parto. Su secreto está a salvo conmigo. Así como espero que el mío esté con usted  —se puso la mano en el vientre. —Lo está. Confía en mí. Siete años después... —Kail… —la voz de Rose, se escuchaba por toda la casa— Ven aquí, cariño. —Está bien, ya voy —su voz era un poco más ronco de lo normal. Cuando se puso al frente de ella, lo atrajo hacía su cuerpo. —¿Qué sucede, cariño? El pequeño negó con la cabeza tímidamente. Su cabello dorado moviéndose de un lado a otro. Rose sonrió tiernamente. —Sé que te pasa algo, pequeño —ella entrecerró los ojos hacia él, y con tono serio agregó:— A mi no puedes engañarme, ahora mismo vas a decirme qué está pasando en esa cabecita tuya.  El niño mirando al suelo respondió. —Es que ya no me querrás más —su voz era triste—. Ahora tendrás a tu bebé. El corazón de Rose se conmovió por él. Entendía más que nadie el sentimiento. —Eso no pasará nunca, Kail —le removió el cabello—. No eres nuestro hijo, cierto. Pero te amamos como tal, porque además que eres un niño perfecto, tus padres eran muy importantes para nosotros. Eran nuestros hermanos. —Pero te olvidarás de mí, lo sé  —dijo y una lágrima brotó de los ojitos del niño. Ella lo abrazó fuertemente. —Nunca, cariño. Nunca lo haré, eso te lo prometo. Después de tantos años de intentos fallidos, Rose Porter estaba embarazada de treinta y ocho semanas. Ella no quería saber el sexo, solo que todo estaba bien, y que nacería sin ninguna complicación. Mark y ella estaban muy contentos. —Pero Grace, se olvidó de mí cuando su bebé nació. Ella no sabía qué decir. La fortuna de Grace, una de las asistentes de Mark había cambiado, cuando se presentó voluntaria para el proyecto de genética. Hacía cuatro años que Mark le había hecho una inseminación artificial. Había dado a luz a su hijo, pero la Triana tenía un ojo sobre ellos, por eso habían huido, y los Porter nunca más supieron nada de ellos. Cuando abrazó de nuevo al pequeño, Rose rompió fuente, y entró en trabajo de parto Respiró un par de veces y puso la manos sobre los hombros del niño. —Ve y busca a Mark —le indicó— Búscalo, dile que venga rápido. ¡Corre, Kail!
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