Almuerzo con el Lord

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Capítulo 5 Nerviosa, en serio me sentía nerviosa. Me miré por enésima vez en el espejo, mi cabello rojo cae por mi espalda en mi habitual trenza y mis ojos azules me devuelven la mirada. Respiro hondo, colocándome lápiz labial con mano temblorosa. La señora Irene me había indicado que use ropa adecuada para un almuerzo en el comedor, tía Joyce me explicó que era usar ropa casual, pero algo formal, la señorita Laura tuvo que prestarme ropa porque tenemos la misma talla. Respiro hondo por segunda vez, debo de tranquilizarme, simplemente acompañaré a mi pequeña bebé de dos años, quien luce un hermoso vestido dorado que compré en una tienda local pero que hasta este momento nunca se lo había colocado, a su cita con Lord Nightingale ¡Ja! No puedo creer que mi hija vaya a tener una cita con un verdadero Lord inglés. Las demás sirvientas están felices por mí, dicen que es muy beneficioso, que los Nightingale son personas buenas y que esto significa que soy de su agrado… o por lo menos mi hija lo es. Solo espero que las cosas salgan bien, que no meta la pata de ninguna forma que haga que Lord Nightingale me despida ¡O peor! Que ya no quiera apadrinar a mi hija. En serio espero que todo salga bien, quizá hasta me den una mejor habitación como a Agatha o me regalen un auto como a Laura ¡Los Nightingale son las personas más lindas que he podido conocer! Y no quiero perder estar oportunidad ¡Sobre todo porque este tipo de cosas solo ocurren una vez en la vida! ¿Cuántas posibilidades existen de que un Lord Inglés quiera apadrinar a tu hijo solo porque le pareció bonito? ¡Muy pocas! Y no quiero perder esto, todo lo que he hecho, sigo haciendo, hago, y haré, será para darle una buena vida a Rose y si para lograrlo tengo que ser la mejor de las sirvientas, pues lo seré. — Bien… — dejo el lápiz labias a un lado — No quiero verme muy producida — me aferro al tocador — No es una cita ni nada por el estilo — miro a mi hija quien juguetea con los volados de su vestido — Más bien, tú eres la que debería de verse hermosa, tú eres la de la cita de almuerzos, juegos y patos… — suelto una risita — Tú has nacido con suerte Rose, te envidio… — acomodo sus cabellos — ¿Lista? — Teléfono Señala mi hija, me detengo al instante. Miro mi teléfono sobre el buró ¿Debería de llevarlo conmigo? No, lo mejor será que no lo haga ¡Me voy a ver tentada a soltar la sopa delante de él! Aun no me decido por lo correcto, aun no sé qué hacer. Hablando con George, y todas las veces que lo he repetido, queda establecido que la información que tengo es poderosa ¡Ni siquiera sé si pueda decirla en el día de los chismes de los empleados! No creo que deba de hacerlo ¡Sería muy riesgoso! Ya lo dije, no pienso perder esta oportunidad ¡No puedo darme ese lujo! ¡Mi hija podría tener toda la vida resuelta si juego bien mis cartas! Mierda… no sé qué hacer. — Vamos Rose, el jefe nos debe de estar esperando Tomo a mi hija en brazos, dejando mi teléfono a un lado. — Luke es mi amigo Rose sonríe, salimos de la habitación. — ¿Luke es tu amigo? — Rose asiente con la cabeza — Que bueno mi amor, es tu primer amigo — Luke quiero mucho — ¿Quieres mucho a Luke? Rose vuelve a asentir con la cabeza, no puedo evitar sonreír. Me encanta la inocencia de mi hija, ha quedado totalmente impactada por el guapo Lord inglés de ojos caramelos y cree que es su amigo. No niego que sea sincero el afecto de el jefe hacia mi hija, solo que me parece extraña la situación. Usualmente, en las telenovelas, yo estaría debatiéndome entre ser una mujer correcta o abrirme de piernas para el jefe y conseguir beneficios, pero no, no con Lord Nightingale. Él simplemente quedó prendado de mi hija y sin pedir nada a cambio, quizá se haga cargo de cosas como su educación, tal como hijo el viejo Lord Nightingale con el hijo de Agatha. Llegamos al comedor, contuve la respiración y di unos pasos con mi hija en brazos. El comedor se encontraba en una majestuosa habitación con un magnífico candelabro encima y preciosos mubles ornamentados. La alfombra se veía fina, la platería brillaba y las servilletas se veían hermosas con un pequeño adorno con el escudo de la familia Nightingale. Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, esto es lo que podría rodear a mi hija si seguía siendo de la gracia del jefe. Las historias que tía Joyce me contó acerca del hijo de Agatha me dejan en claro que el futuro para Rose podría ser igual de magnífica que esta habitación. Mi hija podría codearse con personas de la alta sociedad, podría obviar que soy una sirvienta y solo decir que es la ahijada de Lord Nightingale ¡Y no me molestaría! Lamentablemente, el mundo en el que vivimos, se rige por el estatus y las apariencias. Quizá por ello Lady Sophia de Chesterfield prefiere casarse con el jefe a casarse con su amado quien quizá no tenga la misma fortuna y estatus de Lord Nightingale. — Señorita Evans Me doy media vuelta, el corazón se me detiene y espero no haberme quedado boquiabierta. He visto a Lord Nightingale todas las mañanas en el salón de esta mansión para entregarle a mi hija, no debería de sentirme así de impactada ante él. Mi jefe luce un traje azul con unos zapatos marrones perfectamente lustrados, el cabello castaño perfectamente peinado y una sonrisa encantadora que hace brillar sus ojos caramelos. Me recordaba a la primera vez que lo vi, ese día también tenía un traje azul, aunque en esa ocasión tenía una ligera barba y esta vez la tiene algo más frondosa. — Señor… Hice una leve reverencia. — No es necesario las formalidades, hoy usted es mi invitada — volvió a sonreírme, asentí con la cabeza — Permítame acompañarla a la mesa — Claro… Lord Nightingale me tendió el brazo, tímidamente engarfié el mío al suyo. — Señorita Nos detuvimos frente al comedor, el jefe tomó una de las sillas y la acomodó para mí. — Gracias… — Rose, usted se sentará a mi lado, tendrá el asiente de la invitada de honor El jefe tomó a mi hija y la sentó en la silla, acomodándole la servilleta sobre el regazo, la escena me causó ternura. Rose no tiene padre, ambas lo perdimos de una forma trágica. Lo más cercano que tuvo mi hija a una figura paterna fue la de mi hermano, pero también la perdió. Supongo que por eso se le ha hecho muy fácil el encariñarse con mi jefe. — Luke… — mi hija mira a su amigo — ¿Eres tío Mike? — ¿Tu tío Mike? El jefe me mira con confusión. — Se refiere a mi hermano, solíamos vivir con él — Oh… entiendo — el jefe asiente con la cabeza, cierro los puños y respiro profundamente, no debo de hablar de Mike — En ese caso… — sonrió a mi hija — Soy tu tío Luke, puedes decirme tío Luke — Tío Luke Repitió mi hija, riendo, el jefe solo sonrió. — Usted será buen padre Suelto sin poder contenerme, él solo me dedica una mirada. — ¿Eso cree? — Sí… — contesto con timidez — Perdone el atrevimiento… — Señorita Evans, ya le dije que deje las formalidades — asiento con la cabeza — Hoy usted es mi invitada, por hoy está al mismo nivel que la señora de Chesterfield — suelta una pequeña carcajada — Aunque he de admitir que prefiero su compañía a la de compañía de la señora de Chesterfield — sonrío — Supongo que tendré que acostumbrarme a su presencia, después de todo, en poco menos de dos semanas seremos familia — Sí… lo serán… Susurro, mirando mi plato. — Y permítame agradecerle una vez más el haber accedido a la petición de mi amada — le miro, el corazón se me encoge — Quiero que todo sea perfecto para ella, quiero que sea la boda con la que siempre soñó — esboza una sonrisa, esa sonrisa que demuestro lo muy enamorado que está una persona de otra — Disculpe usted, debe de ser muy aburrido el escucharme, todos siempre dicen que es aburrido escucharme hablar de Sophia — No, esta bien, descuide… — retuerzo mis dedos debajo de la mesa, esto me pone muy nerviosa — Imagino que eso es lo que se hace cuando se está realmente enamorado — ¿Imagina? — nos miramos fijamente por un par de segundos — Oh… entiendo… — desvío mi mirada — Debí de suponerlo, no lleva un anillo y además es tan… joven… — bajo la mirada, él no es mucho mayor que yo, pero sé a lo que se refiere — Perdone usted si la incomodé, no soy muy diestro en el arte de mantener una conversación — Descuide… — Esto definitivamente arruina la velada… ¿Cierto? — No, descuide… — contesto, viendo como las sirvientas venían con jarras de agua — Nunca me casé… — bebo un poco de agua — El padre de Rose… mi novio… — miro al jefe, este me mira con atención — Murió en un accidente de tránsito cuando, yo estaba embarazada cuando eso ocurrió… — Oh… lo lamento tanto — niego con la cabeza, no es algo que me guste comentar — Debe de creerme un completo cenutrio en estos momentos debido a mi impertinencia — suelto una risita, no tengo ni la más mínima idea de lo que “Cenutrio” significa, pero creo que se ha insultado a sí mismo — Mil disculpas por mi ofensa, señorita Evans — Descuide… — el jefe me mira con vergüenza — No había forma de que lo supiese — aunque eso no le da el derecho de juzgarme por creer que soy una mujer a la que el novio la abandonó con la bendición y que fue tan estúpida de embarazarse sin tener un sustento — Está bien… — Entonces… usted no tiene mayor apoyo para su hija, salvo su propio trabajo — Sí… — nos miramos fijamente — Lamentablemente no todos tenemos la suerte de heredar tierras y fábricas — ¿Lo dice por mí? Me mira con una ceja alzada. — Usted comenzó… Bebo un sorbo de agua, intentando no reír, él sonríe de lado. — ¿Y qué me dice de sus padres? — pregunta de pronto — ¿Ellos no la ayudan con su hija? — Pues… — me muerdo el labio inferior — Perdón si sueno maleducada, pero… — le mire — ¿En serio quiere que le cuente mi vida? — Lamento si le incomodo, solo intento conocerla — ¿Por qué? — Porque su hija es un ángel — contesta, unas sirvientas llegan con un carrito con las entradas — Y quiero ayudarla en lo que necesite, por eso quiero conocer a usted — ¿Es una entrevista sobre cuán miserable es mi vida y si le convenzo usted desembolsará dinero para Rose? — tomo mi servilleta, el jefe me mira con la boca abierta — Con todo respeto señor, pero desde que tengo uso de razón he luchado para conseguir lo poco que tengo y lo seguiré haciendo el doble o el triple para darle una vida digna a mi hija, tal y como he venido haciendo desde que me enteré que vendría a este mundo — dejo la servilleta a un lado — No necesito de su lástima, falsa amabilidad o lo que sea que cree que esté haciendo — Perdone usted, creo que me ha malinterpretado — No, creo que usted no tiene ni idea de lo que hace — me levanto de la mesa — Le agradezco la buena intensión, pero no lo necesito — Solo intento ser amable, quiero ayudarte con tu hija — también se levanta — Y para ello primero debo de conocer ciertas cosas de usted, no puedo brindar apoyo a alguien que no se lo merezca porque… — Porque… Le miro fijamente. — Pueda que tenga una moral dudosa — ¿Ser madre soltera, no tener padres y verme en la necesidad de solicitar un trabajo de sirvienta me convierte en una persona de moral dudosa? — No quise decir eso, solo intento ver si es digna de recibir mi ayuda — abro al máximo mis ojos — Agatha era una mujer casada que tenía varios años trabajando para la casa, la señorita Laura prácticamente nació en este lugar y jamás se ha sabido ningún escándalo de ella — ¿Escandalo? ¿Mi vida es un escándalo? Ruedo los ojos, negando con la cabeza. — Me está malinterpretando de nuevo, perdóneme, ya le dije que no poseo el don de la comunicación — Pues es un bárbaro y un cretino — aprieto los puños — No tengo una moral dudosa, solo mala suerte… — Lo lamento… — el jefe se veía cada vez más nervioso — No quería ofenderla — chasqueo la lengua — Mi padre solía ser muy amable con sus empleados, los consideraba amigos y a los más cercanos les dio muchos beneficios, como el hijo de Agatha o la señorita Laura a quien le paga un poco más que a las demás… ¡Hasta le compró un Bentley! — suelta una risita nerviosa — Una sirvienta con un Bentley… ¿Dónde se ha visto eso? — Retiro lo dicho… — el jefe me mira — Es usted un completo idiota que vive en una burbuja y no tiene idea de nada — Señorita… — Muchas gracias por la invitación y espero que esto no dañe el afecto que posee hacia mi hija… — la tomo en brazos — Pero no pienso aceptar ningún tipo de apoyo de su parte, menos si cree que soy una clase de escoria… — mis ojos se llenan de lágrimas — Si me disculpa, Lord Nightingale — Espere, señorita — me toma de la muñeca — Lo lamento, no me alcanzan las palabras para disculparme, soy un bárbaro como usted acaba de decir… yo solo… — Guardese sus disculpas… — nos miramos fijamente — Jamás me había sentido tan ofendida como en este momento — niego con la cabeza — Me voy, tengo trabajo que hacer, muchas gracias por la invitación — Señorita, discúlpeme, no quería poner en tela de juicio su moralidad, es solo que… Me vuelve a tomar de la muñeca en un intento por impedir mi huida. — ¡Si tanto le preocupa la “Moralidad de las personas”! — me zafo de su agarre con brusquedad, no quiero seguir en presencia de este imbécil — ¡Comience por observar la de su amada novia! — ¿Disculpe…? — el enojo se disipa y el miedo me invade — ¿Qué acaba de decir? — Yo… eh… yo… — No le permito volver a hablar así de Lady Sophia — el rostro del jefe acaba de pasar de amable a enojado en un santiamén — Ella es mi prometida, la futura dueña de la campiña Nightingale y algún día será tu jefa… — le sostengo la mirada — Ella es una mujer intachable, con valores y muchas virtudes que usted solo podría imaginar — aprieto aún más los puños — Usted no le llega ni a los talones a mi prometida, así que no se compare con ella — Por supuesto que no le llego ni a los talones — pronuncio, sintiendo la ira invadirme — Yo jamás me acostaría con otro hombre estando comprometida — ¿Qué dice…? Su rostro cambia al instante a uno de sorpresa máxima. — Dije… — ¡Cállese! — pego un brinco, mi hija comienza a llorar — Quiero que cojas tus cosas y abandones la campiña, está despedida… — De acuerdo… Siento una presión en el pecho, intentando tranquilizar a mi hija. — Espere… — me detengo — Sophia sería incapaz de hacerme algo así, ella me ama y yo a ella, yo de verdad la amo con todo mi ser… — sus ojos se ven cristalinos — Y lo voy a dar el mundo entero… — mi estómago se revuelve — No la despido, pero discúlpese conmigo — No me pienso disculpar — niego con la cabeza — Vine aquí creyendo que usted era un hombre gentil, pero no es más que un idiota con la cabeza en las nubes que cree que ofrecerle ayuda a una sirvienta le hace mejor persona mientras considera que los menos afortunados somos escoria o personas con moral dudosa — el jefe nuevamente se ve avergonzado — Mientras usted está rodeado de verdaderas personas con moral dudosa — No tiene pruebas — Sí las tengo El jefe me mira con los ojos bien abiertos. — No le creo — No me interesa si no me cree — nos miramos fijamente — Ahora, si me disculpa, y si no va a despedirme… — respiro hondo — Tengo trabajo qué hacer…
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