Me faltaban algunos ajustes para abrirnos nuevamente al público. Clara me había dado un rotundo no y la verdad es que era lo mejor. Aquella mujer tenía cara de odiarme, en vez un bien, era seguro que nos haría un mal a todos. Me hizo gracia ver la cara de alivio que tenía Alex cuando le conté de su rechazo. Parecía casi feliz. No abundó mucho sobre su reconciliación con Basil, pero me alegraba que estuvieran bien, eran hermanos, no podía haber odio entre ellos dos y menos peleas con golpes en medio. —¿Te llevo?— era la pregunta de cada mañana. Como si no fuera a saber mi respuesta, no se rendía. Intentaba no ser protector pero eso le brotaba por los poros. Esta vez iba a complacerlo. —Está bien. —¡Al fin!— gritó Eva, ya lista para irse. —Nos vamos los tres. Llego tarde, debemos

