Volver de la luna de miel, después de tantos días y noches maravillosas, no era justo. Por otro lado, extrañaba a Eva y seguro que ella a nosotros. Nos fueron a recibir al aeropuerto, habían sido unos dieciséis días muy hermosos y hoy sábado estábamos de regreso. —¡Mamá!— corría hacia mi, no haciéndole caso a las palabras de mi madre, que casi podía oírla. —¡Alex! — nos abrazó a los dos, alegre de vernos. —Al fin han regresado. Ya los extrañaba. — su cabeza reposaba en mi vientre y al cabo de un segundo, la retiró, observando mi barriga. — Sigue igual, aún no crece. —No crece de la noche a la mañana, Eva. Lo que sí tengo es mucha hambre. — miré a Alex, que no dejaba ni por un segundo esa enorme sonrisa. Llegamos hasta mi madre. Le di un gran abrazo y un beso. —¿Como se portó Eva? Esper

