Capítulo 4

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Katrina abrió la caja y estaba llena de papel, parecía que no había nada dentro, pero él la instó a seguir buscando. —¿Unos boletos de Avión? ¿Iremos de viaje? ¿Juntos? —¿No crees que son muchas preguntas? ¡Claro que iremos juntos! Será nuestro último viaje como adolescentes, después de eso, seremos adultos y tendremos que comportarnos como tal, por eso quise regalarte un viaje a ese lugar, al que siempre quisiste ir de niña y que nunca fuimos. —¿En verdad? Iremos ahí —miraba los boletos de avión y no podía creer. Durante su niñez, Katrina siempre quiso conocer Santa Claus Village en Rovaniemi, Finlandia; pero siempre terminaban vacacionando en los lugares que Mihai escogía. Eran hermanos gemelos, pero quizás, por ser varón, Lorenzo y Gertrudis acataban sus órdenes al pie de la letra, como el único señor Laurențiu y a ella la trataban como si fuera un tesoro de cristal, que se pudiera romper en cualquier momento. —Sé que siempre quisiste ir, pero yo disfrutaba verte hacer pucheros cada que cambiaba los planes, es que no hay nada en el mundo que me guste más que tu carita haciendo puchero de bebé. —¡Eres un grosero! ¿Por eso lo hacías? Yo siempre pensé que era para molestarme. —Mi querida, ¿Cómo podría querer molestarte? Yo lo único que quiero es hacerte feliz, y mataré con mis manos a cualquiera que te haga daño. —No digas eso, yo sé que tú serías incapaz de matar a nadie. —Pues que no se atrevan a lastimarte, porque estoy seguro que, si lo hacen, pueden sacar el monstruo que vive dentro de mí. —¿Por qué siempre dices que dentro de ti hay un monstruo? Desde que éramos niños, has insistido con eso del monstruo que vive en tu interior. —¿Recuerdas que alguna vez te dije que tenía pesadillas? Son sueños espantosos que se repiten una y otra vez, en ellos me veo destrozándole la garganta a una mujer, y luego alimentándome de su sangre. —¿Cómo si fueras un vampiro? —Sí, como si fuera un vampiro, nunca he logrado ver el rostro de esa mujer, no sé quién es, pero estoy seguro de que es alguien que conozco y esa pesadilla cada día es más recurrente. —Nunca he querido invadir tu privacidad, pero desde hace unos años, he notado que sales por las noches, y no vuelves hasta el amanecer, me preocupa que casi no duermes, o al menos no duermes en casa ¿Qué haces cuando sales? Mihai levantó la mano y llamó al mesero para pedir la cena, no quería mentirle a Katrina, por eso era mejor callar y cambiar el rumbo de la conversación. —¿Y entonces hermanita? ¿Te gustó tu regalo de cumpleaños? —Ella notó que él evito contestar su pregunta, pero no quiso insistir. —Claro que sí, pero lo que más me gusta es que iremos juntos y que solo faltan dos semanas. Cenaron entre bromas y risas, o sólo Katrina cenó, puesto que él solo picaba la comida, le hacía falta algo de carne en el plato, pero, de cualquier manera, ella agradeció el esfuerzo, él siempre se esforzaba por complacerla y había crecido como la niña más mimada del mundo. Llegaron a casa y Katrina corrió a su habitación, solía escribir un diario y moría por contarle lo feliz que era por la sorpresa que le había dado Mihai. Se metió a la ducha para luego hacer sus deberes escolares, ya eran las últimas semanas en el instituto y tenía que prepararse para los exámenes finales que estaban por comenzar. Salió de la ducha y se puso un pijama de algodón, era la única tela que no le causaba alergia, caminó hasta la ventana y pudo ver a su hermano salir corriendo y atravesar el jardín, sintió mucha curiosidad por saber a dónde iba y rápidamente se puso una bata para ir tras él. Se asomó a la puerta y no había nadie, bajó la escalera a toda velocidad, odiaba que su habitación estuviera en la parte más alta del castillo, de niña solía jugar a ser una princesa encerrada en la torre más alta y no era broma. Cuando finalmente llegó al jardín, logró ver que Mihai salía del establo montado en un caballo, se escondió para que no la viera y corrió a ensillar su yegua, para ir tras él. Mihai iba muy lejos, llevaba el caballo a todo galope y Katrina tuvo que hacer lo mismo para no perderlo de vista, tenía miedo de lo que pudiera ver, pero al mismo tiempo, sentía una gran curiosidad por descubrir el secreto de su hermano. Comenzó a llover, era apenas una lluvia ligera, pero el cielo comenzó a oscurecer anunciando una gran tormenta, sintió frío porque su pijama y su bata eran de algodón ligero. Mihai desapareció entre unos árboles y ella no pudo ver hacia dónde se fue. Todo pasó muy rápido, la luz de un relámpago la cegó, el golpe eléctrico contra un árbol asustó a la yegua que relinchó levantando las patas delanteras, Katrina perdió el equilibrio y cayó al suelo golpeándose fuertemente la cabeza. No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, hasta que escuchó una voz que la llamaba desde lejos: —¡Katrina! ¡Katrina! Debes volver, tienes que venir conmigo — le decía una voz masculina que le parecía conocida, pero que no recordaba de quién era. Abrió los ojos y se encontró con una mirada fría, una mirada iridiscente. Por algún motivo, sabía que debía ir con él, tenía que obedecerlo. —¡Katrina! ¿Estás bien? —La voz de Mihai la trajo de vuelta a la realidad, la lluvia caía con fuerza, ella estaba temblando de frío y estaba totalmente empapada. —¿Qué me paso? —Preguntó balbuceando. —Te caíste del caballo princesa, pero ya estás a salvo, yo voy a llevarte de regreso. Con gran agilidad y una fuerza sorprendente, Mihai la tomó en sus brazos y montó en el caballo llevándola consigo. Cuando llegaron al castillo, Lorenzo y Gertrudis ya los esperaban con mantas para cubrir a Katrina, no podían dejar que se enfermera, porque una simple gripe, se le podía convertir en pulmonía debido a sus múltiples alergias. —¿Por qué la dejaron salir? —Gritó Mihai colérico por la preocupación. —Se fue detrás de usted señor, no alcancé a detenerla, cuando salí ya había montado a la yegua, se suponía que ya estaba en su habitación. —¿Paso algo? ¿Lo vio mi señor? —No lo creo, en cuanto escuché el relinchido de la yegua, volví porque me imaginé que era ella, afortunadamente la encontré pronto. La llevaron a su habitación y Gertrudis llenó una tina con agua caliente, le ayudó a quitarse la ropa y la sumergió para calentarla. —¿Quién era ese hombre? —Preguntó Katrina. —¿Cuál hombre señorita? No hay ningún extraño en el castillo. —Ese hombre, los ojos iridiscentes, fue él, el que asustó a mi yegua. —Seguramente fue un sueño que tuvo en el pequeño tiempo que estuvo inconsciente, el señor Mihai la encontró, y no había nadie. Gertrudis salió de la habitación y se aseguró de que Mihai ya no estuviera ahí. —Lorenzo, tenemos un problema. —¿La señorita Katrina está bien? —Ella está bien, pero no sé por cuanto tiempo. Él…volvió.
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