Capítulo dos. ¿Te enamoraste de ella?

1732 คำ
Mi cabeza da vueltas, me siento terriblemente mareada y por mucho que trato de respirar, es como si una bola de fuego me entrara a la nariz y quemara todo a su paso, llenando mis pulmones de un calor sofocante. ¿Esa era sensación que provoca tener el corazón roto? —Sí, acepto. Un ridículo y vergonzoso gemido escapa de mis labios, pero gracias a la música que se escucha de fondo, nadie se da por enterado, o es lo que deseo creer, pues mis ojos no se apartan de la pareja. Nunca me había considerado una persona masoquista, sin embargo, en ese momento era la peor del mundo. Sabiendo el dolor que me causa verlos, no puedo apartar los ojos de ellos, esperando que algo suceda, que sea solo un sueño y nada más. Nada de eso sucede, no despierto en la tranquila y cómoda cama de mi habitación, sigo allí, sentada mientras veo como el hombre que amo se compromete con otra mujer. —¿Sabías que Javier tenía novia? La pregunta de mi abuela me hace girar y verla, ¿Qué puedo decirle? No tenía idea de que Javier tenía una persona en su vida. Una persona que evidentemente era muy importante para él. —Como no va a saberlo, abuela, Ximena, es la mejor amiga de Javier —levanto el rostro para encontrarme con Daniel, mi hermano gemelo. —Pensé que no llegabas —dije, tratando de aprovechar la interrupción y no decirle a mi familia que estaba igual o más sorprendida que ellos. «¿Por qué no me hablaste de ella? ¿Por qué no me dijiste que tenías novia? No tienes idea del dolor tan grande que me hubieras evitado» —Estoy justo a tiempo, no podía perderme el cumpleaños de mi mejor amigo. —Siéntate, Daniel, siéntate —pide mi abuela. Daniel obedece de inmediato, no sin antes darle un beso y saludar al abuelo y luego a mis padres. Mientras tanto, evito a toda costa mirar en dirección de Javier y su futura esposa, trato de irme antes de que todos los invitados empiezan a marcharse y de esa manera no verme obligada a despedirme. No quiero verlos juntos, no quiero mirar a Javier. Me siento traicionada, no como mujer, pero sí como amiga. Nunca creí que existiera secretos entre nosotros. Sonrío ante el pensamiento, pues “secretos” son los que guardo en mi corazón. Me enamoré de un imposible. De un hombre que no será capaz de verme cómo mujer y me temo que tampoco como su mejor amiga. Con discreción me despido de mis abuelos y de mis padres, sé que luego tendré que darles explicaciones, pero será “luego”, por ahora solo quiero huir y olvidarme de todo. —¡Ximena! La voz de Javier provoca que un escalofrío recorra mi columna vertebral, quiero frenar mis pasos, girarme y reclamarle el no haberme dicho nada, pero no soy nadie para hacerlo, por lo que, a mi falta de control, prefiero huir y hacer de cuenta que no ha intentado detenerme. Con más prisa de la necesaria, subo al lomo de Tornado y salgo sin rumbo fijo de la hacienda, al mismo tiempo que el cielo se abre y una cascada de lluvia cae sobre mí, empapándome hasta los huesos. Sin embargo, no hay nada más frío que mi triste realidad. Mis lágrimas se confunden con la lluvia, mientras mi garganta se aprieta y lucho para no gritar, pero el dolor es tanto, que al final dejo escapar ese lamento que me ahoga el corazón. El estruendo de una tempestad suena y parece rugir de la misma manera que lo hago, y tal como el rayo parte el cielo en dos, mi corazón se rompe. No tengo idea de cómo volví a casa y tampoco me interesa saberlo. Mi cuerpo se siente frío y ni la lluvia de agua caliente artificial logra calentar. No tengo palabras ya para describir lo que siento. Mi móvil no ha dejado de sonar desde hace una semana, Javier ha marcado sin descanso, pero no he respondido a ninguna de sus llamadas. No tengo el valor para hacerlo, no quiero saber cuán feliz es al lado de Marina, ni deseo enterarme de sus planes de boda. Quizá sea una cobarde y mal amiga por no estar a su lado, pero no tengo la fuerza necesaria para hacerme la idiota y fingir que todo marcha bien. Que todo es perfecto. —¿Cuánto tiempo más estarás encerrada? Mi cuerpo se tensa ante la pregunta de mi madre, sé que no podré seguir engañándola con la frase: “Estoy bien” “No te preocupes” “No pasa nada”. —No me he sentido bien, mamá —respondo sin verla. Sé muy bien que no me ha creído, sus pasos se acercan y mi corazón se estremece. No quiero que me abrace o me dé consuelo, pues temo que en el momento que me consuele voy a romperme para siempre. —Javier está abajo, pregunta por ti —dice, deteniéndose muy cerca de mí. —Mamá —susurro. —¿No vas a contarme lo que te pasa? —pregunta al tiempo que escucho cómo se sienta sobre mi cama. —¿Qué quieres que te diga? —pregunto. —No es normal tu actitud con Javier. Lo estás evitando como si fuera la peste. ¿Qué sucedió para que no quieras verlo? Quisiera no responder, poder decirle que mi estado de ánimo nada tenía que ver con Javier y su prometida, pero sé que no me dejará tranquila hasta que le cuente. —¿Es el anuncio de Javier? ¿No sabías que tenía novia? Niego. —Javier es libre de hacer su vida como mejor le parezca, mamá —respondo con prontitud. —Por supuesto que es libre, pero tú no, cariño. Mírate, Ximena. Tiemblo de nuevo al escucharla levantarse de la cama, caminar hasta mi tocador y traerme un espejo. —Estás pálida y ojerosa, tú no eres así, mi pequeña, no mereces sufrir de esta manera. Las palabras de mi madre tocan la fibra más sensible en mi corazón y mi llanto vuelve a estremecerme. Sollozos espantosos salen de mi garganta y me aferro a los brazos de mi madre, mientras ella me consuela con amor y ternura. —Todos nos enamoramos y nos equivocamos, Cariño. —Tú no —refuto. Ella sonríe. —Perseguiste a papá de la misma manera que perseguiste tu sueño. Él no pudo escapar de ti —digo para aliviar aquella vergonzosa escena. Mi madre sonríe. —Así debes de luchar por tus sueños cariño, no puedes encerrarte y echarte a morir, ¿no te importamos acaso? ¿Tu padre y yo, no somos suficiente razón para no dejarte morir? —cuestiona y me hace sentir culpable. —No digas eso, mamá. —Es exactamente lo que estoy viendo, Ximena. Su voz es suave, es como el eco de una tempestad en la distancia. Sé que me está regañando y no puedo defenderme. —Lo siento. —No lo sientas, vístete y baja a atender a Javier. —Mamá. —Es tu amigo y no ha dejado de venir a buscarte ni un solo día desde que te marchaste de su fiesta de cumpleaños sin despedirte. Si tienes algo que decirle. Díselo de frente. Mi corazón se agita ante sus palabras, sé que tiene razón y estoy siendo infantil, después de todo, Javier no sabe que estoy enamorada de él, no tiene la más mínima idea de que mi corazón dejó de verlo como amigo desde hacía mucho tiempo. ¡No es su culpa! Saberlo no me hace sentir mejor, todo lo contrario. Mi culpa por amarlo se hace cada vez más grande, él no me dio alas. Su pecado fue: ofrecerme su amistad. —Javier —lo llamo, él está parado en el ventanal que da al jardín de mi madre, pero apenas escucha mi voz se gira para que nuestras miradas se enfrenten de nuevo. —Ximena… ¿Estás bien? —pregunta y la preocupación en su voz hace que mi corazón se agite. ¡Estoy loca, ni siquiera debí bajar! —Estoy bien, ¿Qué haces por aquí? Trato de que mi voz se escuche normal y no pastosa como cuando pasas una noche en vela y llorando. —Somos amigos —dice y mi enojo crece a pasos agigantados. La mujer acepta que ha perdido, pues nunca lo tuvo, pero la amiga. La amiga está mortalmente herida. —Eso pensé yo hasta el día de tu cumpleaños, Javier. Nunca mencionaste que tenías una novia —digo, sentándome en el sillón más alejado de él. Los labios de Javier dibujan una línea recta, mientras me mira fijamente. —¿Estás enojada por eso? Quiero golpearlo por su pregunta. —Somos amigos y los amigos no se guardan secretos, Javier. ¿Por qué no me dijiste que estaba saliendo con otra…, con una chica? Él respira y se sienta. —No sabía cómo decirte, Ximena. Pongo los ojos en blanco al escucharlo. —¿No sabías cómo decírmelo, pero no tuviste ningún maldito problema para decirlo delante de cien invitados? —pregunto totalmente furiosa y con ganas de caerle a golpes. —Me tomé unas cuantas copas de Ron —dijo como si eso fuera explicación suficiente para ocultarme su relación. —Hay momentos como estos en los que realmente deseo odiarte, Javier, pero somos amigos, supongo que tendré que acostumbrarme a verte con ella —digo con resignación. —Marina es una buena mujer, la conocí hace poco de medio año, no te platiqué, porque pensé que sería una atracción fugaz, que sería la aventura de una noche, sin lazos y sin sentimientos. Genial. —¿Te enamoraste de ella? No pasa ni un segundo, antes de que me arrepienta de hacer la maldita pregunta, ¿Por qué tengo que ser tan jodidamente masoquista? ¿Por qué me empeño en dañar mi corazón en vez de ayudarlo a sanar? En la vida nunca me sentí más idiota que en ese preciso momento. —La amo tanto, como para casarme con ella. Su respuesta fue fulminante, lo suficiente para terminar de romper mi corazón. —Felicidades —murmuro tan bajo que es imposible que él me haya escuchado. —Gracias, Ximena…
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม