Capítulo 15: Arrepentimiento

1066 คำ
*Terrion* La cabeza de Viggo rodo unos metros. Cerre mis ojos sin querer ver que harian con su cuerpo. Tenia una tarea más por completar. Subi a los lomos del Lobo y le pedi que me llevara al templo de los Dragones. Un edificio demasiado antiguo, uno que significaba mucho para sus dueños. Una muestra de lo que alguna vez fueron. Bestias gigantes que reinaban por cielo y tierra. Hasta ahora. Baje del lomo del Lobo y lo despedi a varios metros de la entrada del templo. La edificacion era gigante y sabiamos muy poco de como habia sido construida. Segun los mismos Dragones, los Antiguos Dioses lo habian construido para ellos. Al entrar la pude ver. La cria de cabellos blancos apenas tenia cinco años de vida. Nada comparado con los doscientos de su madre o los setenta de su padre. Sus hermanos son otro tema que no quiero tocar. —Tío Terion, tengo hambre—declaró ella apenas me vio entrar. Se lanzo a mis brazos sin dudarlo. No pude evitar sentir una profunda tristeza por lo que iba a hacer. —Toma Dahlia, puedes comer—declaré dándole una fruta. Cuando ella se volvio a sentar sobre las mantas que tenia en el suelo entendi que si no lo hacia ahora no lo haria jamas. Tome el pergamino que llevaba encima y lo extendi en el piso frente a ella. Ella lo miro, pero no le dio importancia. Es demasiado pequeña para darse cuenta de lo que sucederá. Eira lucho tanto contra esto, ella apenas vio el pergamino n***o escrito con la sangre de su hijo mayor no dudo en luchar con su vida para arrebatarnoslo. —Dahlia, quiero que pongas tu mano sobre el pergamino—pedí sintiendo una fuerte punzada en el pecho. Sabia con seguridad lo que pasaria. Dahlia sin dudarlo lo hizo. Y eso solo fue el principio de su dolor. La pequeña cria empezo a gritar, agonizaba mientras su vida se unia al pergamino. Cuando todo se calmo habian pasado horas y ella estaba agotada, pero sabia que no estaba durmiendo, ya no podria dormir. Nunca tendria el poder para liberarse del sello, nunca recuperaria sus energias, jamas se lo permitiremos. La tome entre mis brazos y la saque de allí. Me la lleve a mi casa y nos aisle a ambos. Diez años habían pasado hasta que el recién formado Consejo vino por ella. Fue lo más ilógico que escuche en mi vida, ellos no querían que unos pocos reinarán sobre todos y eso fue exactamente lo que hicieron ellos. Que imbécil fui. Dahlia había crecido, era una niña dulce que le gustaba sonreír, no comía animales, solo alimentos que crecían de la tierra y los árboles, había aprendido a volar y le gustaba intentar alcanzar el sol de día y la luna de noche. Habían pasado cuatrocientos veinte años de eso y ella ya nunca más volvió a ser esa niña. Si los rumores eran ciertos esperaba que mi mensaje le haya llegado a ella de alguna forma. Estaba sentado en el centro del templo de los Dragones. No sabia como era posible que el edificio siguiera de pie a pesar de todos los años que habian pasado. En las esquinas había centinelas, dos hombres y dos mujeres. Los Dragones nunca hicieron diferencias por el sexo debil, por el contrario estas eran mejores que los hombres. Siempre se apoyaban entre las parejas, dejando en claro su union tan fuerte y unica. Fue una de las formas de debilitarlos. Destruye al destino de un Dragon y tendras dos cadaveres por el precio de uno. Pasaron varios días hasta que sentí dos presencias acercándose al templo. Esperaba volver a verla luego de más de cuatrocientos años, pero cuando Eleazar se acerco con una Inmortal no entendi muy bien que hacia aqui. —Estoy aquí para ayudar a Dahlia—anuncié cuando ellos notaron mi presencia. —¿Quien es Dahlia?—pregunto Eleazar, el Rey de los Lobos y destino de la Ultima Dragona. —La Última Dragona, ese es su nombre—aclare sin moverme de mi lugar. —Su nombre es Mikeila y ¿tu quien eres?—gruño él con rapidez listo para lanzarse al ataque. ¿Mikeila? Era logico que la ultima Luna de los Lobos se llame igual que la primera. —Mi nombre es Terrion, y yo soy el responsable de que Mikeila no sea libre—declare sabiendo que su ira no tardaría en explotar. Aunque esperaba los golpes la Inmortal lo sostuvo y le pidió que se controle. —¿Fuiste quien le dijo a Mikeila que debiamos venir aqui?—pregunto ella mirandome a mi. —Si, este lugar significa más que solo un edificio antiguo—comente señalando los centinelas—norte, sur, este y oeste, los Dragones en un principio vivían en todas las tierras y sobrevolaban todo el mundo, pero su número disminuyó a medida que las otras Razas crecían, hasta que el número decayó y terminó en una masacre siendo Mikeila la última sobreviviente—conté sin darles muchos detalles al respecto. —¿Cuantos años tienes?—pregunto Eleazar sin bajar la guardia. —Casi quinientos, cuatrocientos ochenta y nueve—respondi con rapidez. —¿Terrion Hongard? El Elfo que traicionó a los Dragones, pense que habias muerto hace siglos—declaró ahora la Inmortal con sorpresa. —¿Que es lo que quieres?—pregunto Eleazar soltandose del agarre de la Inmortal. —Quiero remediar mis errores del pasado, quiero ayudarte a liberar a Mikeila—anuncié intentando mantener la calma, pero sabía que estaba despidiendo un olor muy fuerte. Él de seguro no confiará en mi. —¿Porque crees que confiaremos en ti, porque ahora? Pasaron cuatrocientos veinte años desde que Mikeila fue enlazada con el pergamino, ¿que hace a este momento diferente a todos esos años?—pregunto la Inmortal por sobre los gruñidos de Eleazar. —Cuatrocientos treinta, desde hace cuatrocientos treinta años Mikeila no tiene control sobre sus dones y para responder a tus preguntas, él es el que hara la diferencia, un destino lo es todo para un Dragón, si Mikeila tiene una oportunidad es esta—confirme tan rápido como se me hizo posible señalando a Eleazar a medida que hablaba. Necesitabamos hablar largo y tendido sobre muchos problemas que tendremos si tardamos más.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม