CANTO XXII Ya el ángel tras nosotros se ha quedado del sexto giro en la áspera pendiente, habiéndome otra letra más borrado: y de los que justicia, en ruego ardiente, piden con Beati et sitiunt plañidero, ya se ha perdido el eco balbuciente; yo me siento tan leve y placentero, que sin fatiga cruzo por la senda de las dos sombras, con el pie ligero. «Amor que en otro amor virtud encienda», dijo Virgilio, «dan el mismo efecto, por poco que su llama se trascienda. »Así, cuando cumpliendo alto decreto, Juvenal en el limbo fué sumido, a par mía, y hablóme de tu afecto, »benévola amistad por ti he sentido, cuanto es posible, aun vista la persona, y a tu lado me siento complacido. »Mas dime, y como amigo me perdona, si acaso mi palabra no refreno, y háblame como amigo que raz

