Los labios de Travis estaban en el cuello y la clavícula de Raven. Raven tenía los ojos abiertos y los muslos apretados. Su interior le suplicaba llevar eso mucho más lejos de lo que habían estado, pero no quería terminar de romper las reglas de Travis. El hombre bajó uno de los tirantes de su vestido y besó su hombro antes de ascender hasta su boca y volver a besarla. No la tocó más profundo que su muslo o su estómago, pero la parte cavernícola de Travis quería deshacerse de ese vestido y estar con ella en la cama, en el sofá, en la mesa o donde más rápido llegaran. —Tienes que parar —dijo ella en un gemido. Raven apretó las mejillas de Travis y miró los labios del hombre. Ambos respiraban agitados, como si hubiesen corrido un maratón. —Sí, hay que parar —dijo él con la mirada en sus

