—¿Divorcio? —preguntó Trinity en un chillido que resonó—. No te daré el divorcio, Travis. ¡Acabamos de casarnos! —Y ya quiero divorciarme —le dijo Travis mirándola serio—. No quiero que llegues a mi rancho, que te inmiscuyas en mi vida, ni que trates como animales a mis empleados. Quiero que acabe. Trinity cruzó los brazos y le regresó la mirada seria. Travis no destruiría su matrimonio por algún capricho que pronto se convertiría en su ruina. Travis no tenía dinero, no tenía personas que lo quisieran a su lado, y su vida entera era vivir con lo que los demás le daban. Travis no sabía lo que era vivir sin dinero, sin sus propiedades y sin la atención de todas esas personas, y sin ella quedaría más abajo de la pobreza, y sin posibilidad de regresar a la cima donde se posicionó desde el m

