Capitulo 9.- Acercándonos

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***NARRA VICTOR DAVID*** Esa noche después de dejar a Sanjuana en su casa, me fui a mi hogar, llegando me cambié y me puse cómodo y después le llamé a mi hermana Dora, ya que tenía varias llamadas perdidas de ella, pero al haber estado en compañía de Sanjuana no le pude responder. - Hola Dora, ¿Cómo estas hermana? – le pregunté yo al saludarla. - Hola hermanito, bien gracias, ¿Tú que tal?, ¿Cómo va todo por Guanajuato? – me preguntó Dora. - Va más que bien, ya soy el administrador de los negocios de la tía de Florencia y además me estoy ganando muy rápido la amistad de una chica, que es muy allegada con Florencia, así que pronto espero tenerla en mis manos – le dije a Dora con una risa macabra. - Eso espero yo también, ya quiero que andes con ella, para que empiece a pagar lo que le hizo a nuestra hermanita – me dijo Dora riéndose a carcajadas. - Así es hermana, pero ahorita primero tengo que acercarme, mientras Florencia no tenga la mayoría de edad, no puedo hacer nada o el de los problemas sería yo – le dije a Dora muy seguro. - Hasta me sorprendes Víctor David, cuidando cada detalle, te pasas hermanito, pero te felicito, en estos casos así se debe de actuar – me dijo Dora divertida. - Claro, no podemos dejar cabos sueltos – le dije yo a mi hermana. - Por supuesto que no Víctor David, oye y apuesto que ya la traes muerta a la tipa esa, ¿No es verdad? – me preguntó mi hermana muy sutilmente. - Tanto como muerta, no lo sé, apenas estamos rompiendo el hielo, estaba muy altanera conmigo y muy agresiva, pero le paré sus aires de hija del candidato – le dije a mi hermana con orgullo. - Así debe ser, no debe existir ninguna mujer que se burle de un Zabaleta, eso es en tu caso hermanito – me dijo Dora haciéndome reír más. - Pues no, no ha nacido quién se burle de mí y esa chiquilla, se enamorará, ya  lo verás pronto estará babeando por mí, porque bien que la he descubierto mirándome – le dije a Dora muy seguro. - Pues claro que te mira hermanito, eres un cuero que si yo no fuera tu hermana ya hubiera pasado por tu cama – me dijo Dora con descaro. - Te pasas Dora y te aguantas, porque eres mi hermana y eso te impide llevar a cabo tus intenciones – le dije matándola de risa. - Así es, pero me conformo con saber que ya estás más cerca del objetivo y no la pierdas de vista, sobretodo no dejes que se enamore de alguien más, debes ser tú el que se gane su corazón para que luego se lo rompas en mil pedazos – sentenció Dora con todo el odio que sentía contra Florencia por lo que pasó con nuestra hermana Lorena. - Así es, cada día es un paso más cerca, mientras eso pasa y mientras Florencia es menor de edad, la iré conquistando a fuego lento, tú que eres mujer Dora, dime ¿Qué le puedo regalar a una mujer como ella?, dime para ir llevando a cabo el plan conquista a la asesina – le dije a Dora provocando que se riera de lo lindo. - Todo está en los detalles Victor David, mira a la mayoría de las mujeres nos gustan las rosas y esas cursilerías, de chocolates, peluches, poemas de amor – me dijo mi hermana ayudándome un poco. - No inventes Dora, no me pondré tampoco a escribirle poemas de amor – le dije yo descartando esa idea definitivamente. - No digo, que los escribas tú, tonto. En internet hay unos muy buenos que te pueden servir, pero si no quieres, pues eso no, también podrías llevarle accesorios para cabello, no existe mujer que no le guste usar algo en el cabello, así sea un prendedor, unos broches, una tiara, ligas. Debes aprender a estudiar al sexo femenino hermanito – me dijo Dora en su tono de darme órdenes. - Está bien la voy a ir estudiando, ahora que lo dices ella siempre casi trae el cabello recogido en una coleta, porque se me olvidaba contarte, aquí no es una princesa, la tía la tiene de mesera en el café y creo que ayuda también en el negocio de las velas – le dije a mi hermana dejándola sorprendida. - O sea que la tía la tiene trabajando, ¿Quién diría?, pero bueno, las vueltas que da la vida, ella obviamente si tiene de arrimada a la sobrina, la iba a poner a trabajar – me dijo Dora dándole la razón a la tía de Flor de tenerla trabajando. - Pues sí, pero lo irónico es que se parece mucho a la tía, parecen madre e hija, Florencia no se parece nada con su familia oficial, ni con el candidato, ni con su esposa, ni con su hermano – dije muy seguro. - Muchos hijos se parecen a los tíos, como tú Víctor David, te pareces a mi tío Iván – me dijo Dora haciéndome ver que eso si puede pasar. - Sí tienes razón a lo mejor por eso ella se parece más a su tía, que según entendí es hermana de su mamá la futura primera dama – le dije a mi hermana con cierto desprecio. - Oye pero si gana su padre la presidencia, lo más seguro es que ella vuelva acá a Ciudad de Mexico, no creo que quiera perderse la ocasión de vivir en Los Pinos – me dijo Dora poniéndome un poco a pensar. - Florencia ya no regresará para allá, me contó la otra chica con la que estoy haciendo amistad, para saber más de ella, así que cuando tenga más novedades te llamaré hermanita – le dije a mi hermana Dora. - Claro y sigue hablándoles diario a mis papás por teléfono como hasta ahora, ellos están felices de que sigan en contacto – me dijo mi hermana muy relajada. - Claro que sí, pues te dejo hermana que mañana entro a trabajar temprano – le dije a mi hermana despidiéndome. - Buenas noches galán y quiero que me cuentes todo cuando le robes el primer beso, con el que firmará su sentencia – me dijo mi hermana con su risa tétrica. - Así será Dora, literal. Buenas noches – le dije yo despidiéndome y corté la llamada. Esa noche me dormí apenas tocó mi cabeza la almohada, supongo que era tanto cansancio acumulado, de tantas noches sin dormir pues desde que pasó lo de mi hermana Lorena, no tenía yo, gran cosa de paz en vida, pero en fin, así era esto. Al día siguiente llegué muy temprano a la cafetería por petición de mi jefa,  la señora Elisa que no quería que Florencia estuviera sola mientras llegaba Sanjuana, así que tan pronto llegué a la cafetería y ví que acababan de abrir y que Florencia andaba acomodando las mesas, me ofrecí a ayudarle. - Hola Flor, ¿Me permites ayudarte? – le pregunté muy cordialmente. - Hola Víctor David, no ¿Cómo crees?, de hecho ahorita tengo que ir a hacer el aseo de tu oficina, pero debo sacar primero las mesas – me dijo Flor muy tímidamente. - No me pasa nada si te ayudo y además quiero hacerlo – le dije yo dándole a entender que no aceptaba negativas. - Ya que insistes, muchas gracias – me dijo ella, muy agradecida. - Nada que agradecer Flor, lo hago con mucho gusto – le dije mientras le ayudaba a acomodar las mesas. Después de acomodar las mesas, Flor se fue a mi oficina y se puso a limpiar, barrer y trapear y después de terminar con mi oficina, se retiró para esperar a los clientes que llegarían a la cafetería. Yo me quedé un rato en mi oficina y después salí a mostrador, con el pretexto de pedirle un café, ella estaba sentada en una silla leyendo, pues aún no llegaba gente, anoté el nombre del libro en mi celular a fin de conseguirlo y hacer mi siguiente jugada, pero por hoy fingiría no haber visto que estaba leyendo, para acercarme a ella y pedirle un café. - Flor, un favor, ¿Me podrías preparar un café? – le pregunté muy educadamente. - Claro que sí, ¿Americano sin azúcar? – me preguntó ella. - Sí por favor, Flor – le dije con una sonrisa. - En un momento te lo llevo y muchas gracias por ayudarme con lo de las mesas – me dijo ella regalándome una encantadora sonrisa. - No hay de que Flor, cuando necesites ayuda en algo, para eso estamos – le dije yo perdiéndome por un momento en esos hermosos ojos de ella. - Gracias de verdad, nuevamente – me dijo ella en un tono que me inspiró cierta ternura. Me retiré a mi oficina, a seguir con mi trabajo de allá de Ciudad de México, lo que hacía en línea, para más tarde comenzar con lo de unas cosas que tenía que ordenar tanto de la cafetería como del negocio de las velas, no sé cuánto tiempo pasó, pero estaba tan concentrado cuando Flor, estaba en la puerta con mi café en la mano. - ¿Permiso, puedo pasar? – me preguntó ella. - Sí claro, adelante Flor – le dije yo haciendo espacio en mi escritorio, para que dejara mi café. - ¿Te lo pongo ahí? – me preguntó Flor señalando el espacio vacío. - Por favor Flor – le dije yo. - Espero que te guste el café, no tengo mucha experiencia en hacerlos y no ha llegado Sanjuana, pero hice mi mejor esfuerzo – me dijo Flor con mucha modestia. - Estoy seguro de que me encantará. Flor, ¿Te puedo preguntar algo? – le pregunté yo muy serio. - Sí claro dime Víctor David – me respondió ella por primera vez pronunciando mi nombre, haciéndome que se erizara mi piel al escuchar mi nombre en su voz. - ¿Cuántos años tienes Flor? – le pregunté al fin, pues quería poner a prueba su honestidad. - Tengo 17, ya casi 18, en mayo cumplo 18 – me dijo ella muy relajada. - ¿Qué día de Mayo? – le pregunté curiosamente. - El 29 de Mayo, ¿Y tú cuando cumples años? – me preguntó ella, tímidamente. - Yo el 29 de Noviembre, que curioso, otra coincidencia, ambos nacimos un 29 pero de diferente mes – le dije yo. - Sí, es verdad. Bueno Víctor David, te dejo porque tengo que estar allá en mostrador – me dijo ella con una sonrisa encantadora. - Claro, nos vemos más tarde Flor y muchas gracias por el café, antes de que te vayas, ¿Me podrías traer un cenicero, por favor? – le pedí con mucha amabilidad. - Creo que en eso, te quedaré mal Víctor David, no se puede fumar en la oficina – me dijo ella algo apenada. - No pasa nada Flor, ya me las arreglaré para darme mis escapadas para fumar – le dije yo riéndome. - Está bien, ahora si con permiso – me dijo ella retirándose, mientras yo me deleitaba de verla caminar, se veía realmente muy hermosa. Seguí en lo mío cuando ella se fue a mostrador, me puse a hacer mi trabajo, pero no me podía sacar de la mente, las escenas de ayer cuando bailamos bachata, cuando la tuve cerca de mí, cuando sus ojos eclipsaban los míos con ese brillo único, cuando la sostenía en mis brazos como si de algo frágil y delicado se tratara, tenía definitivamente que alejar esos pensamientos de mi mente. Se me fue rápido la mañana trabajando, hasta que llegó la hora de la comida, salí de mi oficina y me encontré en mostrador a Flor, pero también a Sanjuana. - Hola chicas, voy a ir a comer, ¿Quieren ir conmigo? – les pregunté invitándolas. - Claro que sí – respondió Sanjuana de inmediato. - ¡Sanjuana!, no nos podemos salir de aquí – la reprendió Flor, causándome mucha risa. - Ya sé siendo así, podríamos pedir algo y comer aquí los tres – les dije yo, a fin de que pudiéramos convivir ellas y yo. - Sí me parece bien Víctor David – me respondió Flor. - ¿Qué se les antoja? – les pregunté a ambas. - Lo que sea menos nada de mariscos – dijo Flor de inmediato. - Yo sí como de todo – me respondió Sanjuana. - ¿Qué les parece si pedimos una pizza? – les propuse yo a las dos. - Sí por mí está bien – dijo Sanjuana sonriéndome. - Por mí también y ahorita hacemos cuentas de cuanto te debemos dar cada una – me dijo Flor de inmediato. - Para nada, si trabajaremos aquí juntos se deben de acostumbrar, yo soy un caballero y de los de antes, no dejaría que ninguna de ustedes pague – les dije a las dos muy serio. - Por mí encantada de que me invite caballero de los de antes – me dijo Sanjuana tomándome del brazo. - Por mí no tanto, pero con tal de no pelear está bien – me dijo Flor sonriéndome de una manera que me estaba volviendo loco. Pedí la pizza por teléfono y me quedé mirándolas, Sanjuana tan despreocupada y tan pobre necesitando ese trabajo del café y muy amiga de una mujer que además de asesina pronto sería la hija de un presidente de México, no cabía duda, la vida, es una rueda de la fortuna pensé.
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