— Narra Harald — — Enciérrenla en la habitación del sótano, no le den alimentos, la quiero atada del techo — ordeno. — Si señor — responde Abel. — ¡Suéltame! — grita Kala. — ¡Cierra la boca! — le grito a ella. — ¿Por qué haces esto? — me pregunta. — ¿Qué esperas para hacer lo que te ordené? — pregunto enfadado. — Enseguida — responde Abel. Decido ignorar sus gritos y simplemente irme a mi habitación para descansar. Sin embargo, recibo una llamada. Miro mi teléfono y observo que era mi padre quien llamaba con tanta insistencia. Espero a que los gritos de Kala no se escuche más y es entonces que respondo a su llamada. — ¿Por qué tardaste en responder? — pregunta en lugar de saludar. — Estaba ocupado — respondo sin emoción alguna. — ¿Dónde estás? — pregunta. — De viaje

