GIA La sangre, el dolor, la venganza. Nunca antes me había atraído ni lo seguía haciendo, sin embargo, en estos meses había comprendido que la ley de la naturaleza era verídica y que solo en el mundo, lograba sobrevivir el más fuerte, mi interés por hacer sufrir a la gente seguía siendo nulo pero me daba cuenta que para alcanzar poder debías hacer cosas para provocar el miedo, porque antes de traicionar a alguien quien sabes tiene una mente perversa y un alma vengativa lo pensabas dos veces antes de hacerlo, por lo tanto el miedo era vital y sumamente necesario porque de alguna manera iba de la mano con el poder. —Si no quieres estar presente puedes marcharte—Me dijo mi padre colocando su mano sobre mi hombro, no, negué con la cabeza, deseaba con ansias mirar aquello porque de esa forma

