No podía dejar de caminar de un lado a otro, mis pies se movían de manera incesante, no estaba tranquila. Mi madre se había quedado con Galia esperando cualquier novedad para ir en su apoyo y yo, como la única mujer libre tenía la tarea de comunicar la noticia a Licinius. Mi corazón estaba apretujado porque se alguna manera sentía que ambos no merecían aquello, si bien Galia había sido una hermana distante ahora no lo era y que decir de su marido, un hombre cabal siempre ávido por apoyar que en tan solo unos cuantos meses se había ganado el aprecio de mi padre y el respeto de Maximilian quien sabia, también lo apreciaba. Galia parecía estar en otra faceta, yo tenia en cuenta que había tomado decisiones incorrectas, pero después de su boda las Licinias habían interferido demasiado en su mo

