Las llamas de las antorchas irradiaban con una fuerza vivaz, el fuego no parecía haberse opacado en lo más mínimo desde que los senadores entraron a la Curia, no era para menos lo que estaban deliberando y dada la rivalidad de las dos facciones que coordinaban al senado la conversación era todo menos amena. El redactor escribía en sus ojos de manera incesante cada comentario que brotaba de la boca de los senadores quienes sin poder quedarse callados daban su punto de vista al respecto, el tema a tratar era complejo, no era cuestión de dar una resolución a la ligera pues al hombre al que se deseaba juzgar no era cualquier persona, tan importante era aquella reunión que incluso Vitellinus abandono la seguridad del palacio imperial para asegurarse de que las cosas se llevaran tal cual y como

