Capítulo 3: Un desastre de fiesta

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Narra Evangeline —Puedes quedarte en esta habitación, está más cerca de la mía. Kate abre la puerta me muestra el espectacular cuarto que han preparado para mí. —Vaya, no quería ser de mucha molestia, yo… yo pensé que me quedaría en tu habitación como en los viejos tiempos. —Quiero que estés cómoda, el verano será largo y aquí podrás tener tu espacio, acomodar tus cosas en tu closet; tener llamadas calientes sin interrupciones y bueno, ya sabes lo demás. —Oye, no digas eso. —Te dejaré para que desempaques. No tengo quejas, obvio que estaré muy cómoda. Salté sobre la cama y abrí mis brazos y piernas, esto se siente muy bien; creo que mi padre tenía razón, soy joven, necesito descansar y disfrutar mi vida, espero que este verano sea largo, espero pasarla muy bien. Al final, cuando el verano termine, debo volver a mi vida real, así que hay que disfrutar mientras se pueda. Desempaqué mis cosas y las acomodé como me gustan, este espacio será mío mientras esté aquí así que quiero darle mi toque. Saqué un par de libros que no he terminado de leer y los puse sobre la mesa de noche, también dejé mi vela para las malas energías y otras cositas que siempre llevo conmigo. Antes de salir de la habitación, decidí abrir las ventanas y ventilar con aire fresco el lugar; siento el golpe de calor por el cambio de clima tan brutal que he tenido en pocas horas. Levanté las persianas y luego abrí de par en par las hojas de la ventana, inhalé el fresco aire y antes de volver a lo que iba hacer, noté algo que captó mi atención. El señor McKellen estaba de pie en un extremo de la piscina, podía verlo de espaldas, parece que se preparaba para hacer un clavado. Sé que no debería estar viendo lo que hace, pero quería ver ese salto. El hombre levantó sus brazos y los juntó por encima de su cabeza, noté como los músculos de su espalda, de sus bíceps y tríceps se acomodaban. El hombre salta al agua con un estilo increíble, no sabía que el señor McKellen podía nadar tan bien. —Eva, ¿Qué haces? —pregunta Kate apareciendo en la habitación. —Nada, estaba por cerrar la ventana. Volví a tomar las hojas que yo misma había abierto y volví a cerrarlas. —Iremos a una fiesta, unos amigos acaban de llamarme. —¿Una fiesta? Cómo ¿ahora? —Sí, en cinco minutos estarán en la entrada, así que córrele; no quiero hacerlos esperar. —Kate, pero mira lo que llevo puesto, no me he cambiado de ropa, ni maquillaje traigo. —Es una fiesta en la playa, solo necesitas un bikini y unos shorts. Traté de ser rápida y acomodar un atuendo adecuado por el momento. Las dos bajamos con su padre, ella debe pedir permiso o al menos informar de que no estaremos en la casa. —¡Papá! ¿Dónde estás? Empiezo a creer que a ella se le ha hecho costumbre eso de gritar por su casa ¿es por lo grande que es? —En el jardín, cariño. Voy detrás de ella directo a donde ya sabía que estaba su padre. —Papá, saldremos con unos amigos. —Pensé que hoy haríamos algún plan en casa, acabas de llegar. —No, lo siento, ya quedé con amigos. —Está bien, vayan con cuidado y no regresen tarde. Me sentí un poco mal por el señor McKellen, pero que se supone que yo pueda hacer. Kate solo asintió, no dijo más a su padre y se regresó, dejándome ahí de pie sin saber que decir. —Hasta pronto, señor McKellen —dije con una sonrisa mientras él secaba su cabello con una toalla. Tal como ella dijo, afuera estaba un auto convertible esperando por nosotros, había dos chicos en los asientos delanteros y una chica rubia atrás. —Chicos, ella es mi amiga Evangeline, vino de Bellingham Washington a pasar el verano conmigo. —Oh, con razón esa piel pálida, Evangeline. Es un gusto, mi nombre es Oliver —dice el que lleva el volante—. Él es Michael y ella es Daisy. Le sonreí a todos y subí al vehículo, era un poco incómodo porque no los conocía, tampoco Kate me habló sobre ellos alguna vez. Durante el camino ellos hablaban de sus fiestas, de unas vacaciones a las que fueron, de cosas en las que yo no podía opinar, simplemente no sabía que decir, por lo que solo me limite a sonreía y tratar de reírme de sus chistes internos. —¿No crees que son divertidos? —pregunta Kate rodeando mi brazo. —Sí, son… son muy divertidos. Llegamos a la playa donde sería la fiesta, el ambiente ya se sentía desde un kilómetro atrás; había mucha gente, música, un dj, era genial. Bien, solo debo entrar en ambiente, socializar un poco y en menos de lo que crea, ya estaré bailando junto a ellos. Me propuse disfrutar y eso haré. —Bien, es hora del primer trago. Un chico sirve unos shots, se veían muy fuertes, pero no pensamos en eso en una fiesta. Todos lo recibimos y lo tomamos, no pude evitar hacer un gesto de desagrado, pero sabía que luego del segundo, lo sentiría más suave. —Oye, ¿Qué tal la fiesta? —dice Michael cerca de mi oído. —Me encanta, la música está increíble. Los dos teníamos que alzar el volumen de la voz, había demasiado ruido. —Oye, Kate me dijo que hará una fiesta en la piscina de su casa, quería saber si ese día estarás sola o ya el pediste a alguien que te acompañara. —¿Una fiesta? Lo siento, no tenía idea. —Oh, eso es bueno, quiere decir que no has tenido oportunidad de decirle a alguien. —Sí, eso… eso creo. Miraba a Kate bailar con un chico que no era de nuestro grupo, ella se veía muy feliz, cada que me miraba me sonreía o me guiñaba un ojo, hasta me señalaba a Michael para que bailara con él. Solo espero que no le haya dicho mucho a Michael, no me resulta tan atractivo como para que pase algo en este verano con él. —¿Quieres bailas? —pregunta el chico a mi lado tomándome de la cintura. No esperó a que le diera una respuesta, solo me tomó y me pegó a su cuerpo. —Kate no me había dicho que tenía una amiga tan guapa, ¿se conocieron recientemente? —No, no, nos conocemos desde que éramos niñas. ¿Ella no les habló de mí? —Creo que debió olvidarlo —responde el chico cortando el tema. Miraba a mi amiga y notaba como seguía recibiendo tragos de nuestro grupo y del grupo de amigos del chico con el que baila, ella parece disfrutar, pero se está tornado algo descontrolada. Creo que pasaron unas dos o tres canciones, volví a mirar a Kate y esta vez si la vi cruzar todos los limites; otro de los chicos con los que ahora estaba, tenía su cara entre sus pechos, con la boca abierta tomando la cerveza que alguien más aventaba. Quise solo ser una espectadora más, a pesar de ver a una Kate muy diferente, ella no era así; digo, no era una santa, pero tampoco hacía esas cosas en frente de tantas personas. Uno de los amigos de este muchacho, se hace detrás de ella y le baila de manera obscena, se notaba que lo único que quería, era pasear su pen* por detrás de ella. El otro muchacho se hace en frente de Kate y empieza a besarla, todos a su alrededor celebraban lo que hacían, yo no podía solo sonreír, me sentía muy incómoda. Cuando vi que el chico detrás de ella intenta soltar la parte superior de su bikini, reaccioné, ya no podía soportarlo. —Escucha Michael, ya no quiero bailar más, me duelen los pies. Dejé al chico y fui por Kate, aparté a los muchachos de ella y la llevé conmigo. —Evangeline ¿Qué haces? —Estaban por desnudarte, ¿Por qué te dejes manosear así en frente de todos? —Solo bailaba, no pasa nada —responde con su lengua de trapo. —Oye, ¿Cuántos tragos llevas? Ya ni puedes hablar. Ella mira sus dedos e intenta contar, pero parecía que se hubiera saltado el preescolar, porque no dio para sumar. —No tomes de esa manera si sabes que no vas a aguantar. —Oye, ya te pareces a mi papá. Kate va de nuevo con nuestro grupo y baila con la otra chica que nos acompañaba. En el momento que me brindaron otro shot, no lo recibí, las dos no podemos embriagarnos, una debe cuidar a la otra. Lo que sería una fiesta espectacular, en la que se supone iba a disfrutar como nunca, se convirtió en una tortura, era una pesadilla. Kate parecía otra persona, ella estaba descontrolada completamente, terminó quitando la parte superior de su bikini, tomaba el trago directo de la botella, hasta tomo cerveza con la cabeza hacia abajo y sus piernas en el aire sujetadas por otros chicos, era… era difícil de asimilar. —Kate, creo que es hora de volver a casa, no te ves bien —dije ayudándole a ponerse su bikini, ya no se pertenecía. —Eva… ¿ya te dije que te quiero mucho? —Sí, yo también te quiero mucho, por eso tenemos que irnos. —No, no quiero irme, la fiesta aun no acaba; yo quiero quedar… Ella pone su mano en la boca y empieza a hacer arcadas, los que estaba a su lado dan un paso al costado al darse cuenta que estaba por vomitar. Yo la llevé a un punto más lejano y tomé su cabello, le di golpes en la espalda mientras escuchaba como salía todo de su boca. —Sí, creo que es hora de irnos —dice con debilidad. Si en la fiesta fue difícil para mí, no quiero ni contar como fue llevarla a la mansión. Ella no se pertenecía, literalmente tuve que arrastrarla; trataba de ser cuidadosa para que su padre no se diera cuenta del estado en el que ella había llegado, menos la hora en que habíamos vuelto a la casa, así que seguí como pude hasta por fin llevarla a su cama. —Dios, ¿Por qué tiene que tomar así? Estiré mis brazos agotados y traté de recobrar el aire, estaba muy cansada, lo peor es que ninguno de sus amigos quiso ayudarme a traerla. —Vaya amigos los que te has conseguido, Kate. La acomodé en su cama y la dejé lo mejor que pude, creo que con ese ejercicio quemé el poco alcohol que había en mi cuerpo. Pasé a mi habitación y me quité la playera que llevaba encima, me acaloré con todo el esfuerzo que hice; antes de acostarme quise bajar a la cocina por agua, me sentía deshidratada. Con mis pies descalzos y con todo el cuidado del mundo, bajé a la cocina; abrí el refri y me serví un vaso gigante de agua, hace mucho no me sentía tan seca, cada trago que pasaba por mi garganta se sentía como la gloria misma. —Evangeline, ¿Qué haces a esta hora aquí? —Oh, señor McKellen.
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