Narra Leonardo
Fui consciente de lo que hacían en mi familia, mi madre que en paz descanse fue sincera con mi realidad desde que era un niño, siempre supe que el trabajo de mi padre era riesgoso y que por eso siempre teníamos mucha vigilancia, el peligro siempre estaba respirándonos en la nuca.
Desde que era un niño sabía que a futuro tendría muchas responsabilidades, lo que heredaría no sería una opción para mí, era como si mi destino ya estuviera escrito.
Crecí en medio de todo lo que necesitaba, lujos, amor, carácter, todo lo que hoy día que convierte en un hombre fuerte. En mi familia los secretos no existieron por lo que la unión entre nosotros era indiscutible. Pero con el paso de los años, mi madre enfermó de cáncer y falleció, eso con el pasar de los meses se fue llevando a mi padre, al final mi madre era como su talón de Aquiles.
—Quiero que seas un hombre fuerte, sé que eres valiente, sé la clase de hombre que formé, eres indestructible, Leonardo. Quiero que tomes el mando de todo lo que ahora te pertenece, puedes con eso y más.
—No hables como si te despidieras de mí, padre —dije tomando su mano.
—Tengo algo que pedirte, hijo. Quiero que esto sea lo último que hagas por mí —responde con voz débil.
—Dime, ¿Qué es? Haré cualquier cosa que me pidas.
—En mi despacho encontrarás una caja fuerte, si mueve el cuadro de flores a la derecha se abrirá. La clave es tu fecha de cumpleaños, allí encontrarás información sobre una persona, su nombre es Alina Volkova, quiero que… que…
Mi padre hace una pausa porque se le corta un poco la respiración.
Lo tomé de la mano y me acerqué a él.
—No hables más, te hace daño. Solo no digas más.
Él niega con su cabeza e insiste en continuar.
—Esa niña es la hija de Vladimir Volkova, la he protegido todo este tiempo y quiero que tú lo hagas ahora.
Asentía sin comprender algunas cosas, pero no le preguntaría, no tiene mucho aliento para responder a todo lo que quiero saber.
—Promete que… promete que la cuidarás.
—Lo prometo, padre, la protegeré.
—Cuida de ella hasta el final de tus días, cuida de ella, promete que siempre tú… promete que estarás siempre con Alina, promete que te casarás con ella para siempre la cuides —suelta forzando su voz.
Presioné su mano y volví a asentir.
—Promételo, hijo mío.
—Lo prometo, padre, me casaré con esa mujer.
Desde ese día empecé a descubrir el otro lado de una historia, tuve que pedir información a Lorenzo, al abogado de confianza para que me dijera la verdad detrás de todo lo que tenía que ver con Vladimir y su hija. La verdad para mí fue tan sorprender que comprendí por qué mi padre sentía la obligación de cuidar de esa niña, comprendo la gratitud hacia su amigo y comprendo lo que pasó aquella noche que lo vi llegar a casa derrotado, cubierto en sangre y llorando por la muerte de ese hombre y su esposa, yo era solo un niño; pero tengo esa noche gravada en mi mente.
Como un hombre de palabra, tenía que cumplir con la promesa que hice a mi padre, continué cuidando de esa chica desde la distancia. El equipo de seguridad me dio más información sobre ella y estoy al tanto de todo lo que pasa en su vida, cumplí con la promesa de velar por su seguridad, solo me faltaba la más dura por cumplir; casarme con ella.
A mis treinta y cuatro años, sigo sin estar interesado con casarme; por eso, tres años atrás, cuando ella cumplió la mayoría de edad, pedí que aquel documento que me uniría a ella en matrimonio fuera dado en sus manos sin explicación alguna, solo quería que lo firmara y que no tuviese consciencia de ello. Así, cumplía la promesa a mí padre de casarme con ella, sin tener que asumir la obligación como su esposo. Con 31 años, no quería casarme con una chica que apenas llegaba a los 18 años.
Desde mis pensamientos, creí que ella haría su vida a lo lejos, tenía hasta un novio y todo bien con eso, no era de mi interés. Pensé desde mi ignorancia que todos haríamos nuestras vidas sin tener que juntarnos algún día, que nunca debería darle explicaciones, pero claramente las cosas no salieron como esperaba.
—¿Alguien quiere hacerme daño? ¿por qué? ¿Quién?
—Haces muchas preguntas a la vez, ya me duele la cabeza —respondí con mala gana.
—Entonces dime todo lo que tengo que saber, siento que omites mucha información ¡Dime!
Cada que ella grita siento que me arrancan un pelo del cul*, mierd*.
—Te lo diré una sola vez, pero deja de gritar.
Volví a aquel asiento y me crucé de piernas.
—Te dije que fue una promesa que hice a mi padre, le prometí casarme contigo, que cuidaría de ti y eso hice. Te has mantenido a salvo y eso era todo lo que quería, lo que no quería era tener que juntarme contigo, por eso le dije a Lorenzo que no te dijera nada y te hiciera firmar ese documento, creo que no hay más dudas sobres, ¿verdad? Sencillo, no tengo interés en tener una esposa a mi cargo. Solo cumplo una promesa al ser que más amé.
—Entonces ¿Por qué me traes aquí? si no querías hacerte cargo de mí, ¿¡por qué estoy aquí!?
Cerré mis ojos y tensioné mi mandíbula, es irritable
—Porque los Grimaldi te encontraron, ayer por la tarde casi te arrollan con todo y tus amigas.
—¿Grimaldi? —preguntó con duda.
—¿No sabes quienes son los Grimaldi?
Ella niega con su cabeza, por lo que ahora sería algo más complejo de explicar.
—Si no sabes quienes son estas personas, al menos sabes lo que hacía tu padre ¿verdad?
—Mi padre era un empresario reconocido de Rusia, él era un buen hombre, todos me lo dijeron, ayudaba a muchas personas como a tu padre, él era…
—Era el jefe de la mafia en Rusia, tu padre, Vladimir Volkova, era jefe de la mafia más poderosa de Rusia, llamada La Mafia Roja; tuvo el poder por años, desde que eran un joven lideró el grupo más grande encargado de extorsionar, traficar armas y drogas, el juego ilegal, fraude financiero, el robo de identidad y todo lo que puede ser ilegal en el mundo entero. Eran temidos en Rusia por el poder que tenían.
—Eso… eso no puede ser posible, mi padre no… él no hizo eso, tu padre me dijo que…
—Mi padre aprendió todo lo que supo por Vladimir, aprendió todo del mejor, al punto de construir a un poderoso grupo de personas que actualmente yo lidero en la mafia italiana.
—No, eso es mentira, quieres verme la cara de tonta, mi padre no fue un mal hombre.
—¿Crees que todo lo que tu padre te dejó como herencia es producto de negocios legales? Lo que tienes bajo tu nombre es tanto que es casi invaluable, todo eso, hasta el rubí colgado en tu cuello, vale demasiado para ser adquirido por un simple empresario. Bienvenida a tu realidad, Alina.
La chica empieza a llorar de forma desconsolada, parece que toda su vida fue una bonita fantasía, es una lástima tener que bajarla de esa nube en la que volaba todos los días.
—¿Quiénes son los Grimaldi? —cuestiona en medio de sus sollozos.
Es claro que hay cosas que no podré contar, la imagen de mi padre debe mantenerse impecable, dado que ella carece de conocimientos sobre todo lo que ocurrió en el pasado, me veo en la obligación de omitir un par de detalles.
—Los Grimaldi son una familia muy peligrosa, ellos lideran el narcotráfico desde hace mucho tiempo. Tu padre tuvo problemas con esta familia, hicieron un mal negocio que no lograron cerrar de forma adecuada. Así que, tu padre ordenó asesinar al líder de esta mafia y a sus hombres, pensó que hasta allí quedaría el problema, pero no; el hijo mayor de los Grimaldi no se quedó con ese duro golpe a su familia, pues el líder era su padre. A los años, su hijo mayor ingresó a la mansión de los Volkova en Rusia, con tantos hombres y tantos explosivos para derribar media ciudad y logró entrar y acabar con la vida de Vladimir y de tu madre Nadia Amur.
—¿Mis padres fueron asesinados? —pregunta con la voz temblorosa y sus ojos llenos de lágrimas.
Asentí notando como la chica se hacía pedazos cada que sabía más sobre la verdad de su familia.
—Mi padre llegó a esa mansión aquella terrible noche, fue para ayudar a tu padre, pero llegó muy tarde. Fue la última persona que lo vio con vida, al punto de prometer que cuidaría de ti por gratitud a todo lo que Vladimir hizo por él en algún momento.
La chica negaba con su cabeza mientras secaba las lágrimas que no paraban de salir, sé que se escucha fuerte, pero es la realidad, no puedo pintar de rosa las palabras, no tengo por qué maquillarle lo que realmente pasó con sus papás.