Capítulo 10.-
Axel Vega Lazcano
León, Guanajuato México
Cuando Mauricio terminó de decirme lo que le había pasado a mi dulce Amaia, estaba seguro que se me habían ido los colores del rostro, quise estar en ese momento en el Tec, no me la podía imaginar allá solita.
—No te preocupes Mauricio, yo paso a buscar a Amaia y la llevaré a que la atiendan, desde luego ya que sepa lo que pasa con ella, te llamo para avisarte. Pierde cuidado.
—Gracias Axel, quedo pendiente de tu llamada.
—Por nada socio, buen día. —Le dije con premura.
Al colgar con Mauricio, Ale se me quedó mirando como notando mi preocupación y sólo pude decirle a manera rápida el recado de su padre. No podía decirle otra cosa, pues era lo que sabía.
Salí como loco a buscar el auto, mi corazón estaba latiendo como desesperado y de mis ojos salieron unas cuantas lágrimas de la impotencia, quería legar allá lo antes posible, me desesperé en el tráfico y no recuerdo ni cómo llegué al Tec tan rápido, hasta que me encontré en la enfermería, buscando a la persona que me pudiera guiar.
—Hola buenas tardes—Saludé a la doctora—Soy Axel Vega Lazcano y vengo a recoger a Amaia Domínguez García, me dijeron que aquí la encontraría.
—Buenas tardes, joven—Respondió la doctora—Amaia está acá adentro. Sígame por favor.
Seguí a la doctora como un loco, desesperado por ver a mi hermosa Amaia y pensando que la encontraría inconsciente, eso hizo que me recorriera la cara un sudor frío, una sensación horrible que nunca había sentido y entonces la vi sentada y cuando ella me vio, se levantó de la silla en la que estaba y me abrazó.
—Axel, que bueno que has venido tú—Me dijo perdiéndose en mis brazos—Pensé que mi papá iba a mandar a Ale.
—Amaia, ¿Estás bien?, ¿Qué fue lo que pasó? —Le pregunté sin soltarla de mi abrazo.
—Amaia ha tenido una baja de presión muy importante—La doctora habló a mis espaldas—Necesito que, le manden hacer unos análisis clínicos, no es la primera vez que ella se desmaya.
—Muy bien doctora—Tuve que soltar a Amaia—Yo me encargaré de todo, ahora ¿Me la puedo llevar?
—Sí, no veo porque no. Pero por favor le pido, que se haga los análisis lo antes posible—Insistió la doctora—Tardó demasiado en volver del desmayo y no es normal, que se esté desmayando.
—No se preocupe y gracias doctora—Tomé las cosas de Amaia y salimos de la enfermería.
Todo el pasillo camino al auto, la llevaba abrazada de la cintura sin importarme nada ni que alguien pudiera vernos. Me preocupaba ella, su salud y que fuera a desmayarse de nuevo. Al llegar al auto, ella me miró con ganas de que la besara y lo hice rápidamente, necesitaba sentirla antes de irnos de ahí. Estaba desesperado, pensando que algo pudo pasarle que cuando la besé, hasta entonces me pude calmar.
Nos subimos al auto, lo encendí para irnos lo más pronto posible y todo el camino tomé a Amaia de la mano, sabía que ella se seguía sintiendo mal, porque nunca podíamos estar en silencio cuando estábamos juntos y ese día, por el contrario, ella iba hasta cerrando un poco los ojos y eso me preocupó, no soportaba verla en ese estado.
—Amaia, cariño ¿Qué tienes preciosa? Te veo mal, estás triste o ¿Te sientes muy mal?
—Me siento muy mal, Axel—Respondió ella con voz débil—Me duele mucho la cabeza.
Sin pensarlo, hice lo que nunca hubiera pensado. Tomé camino rumbo a la casa de mi hermana Elisa y llegando ahí, ayudé a Amaia a bajar del auto. Ella de inmediato, supo en dónde estábamos, no era la primera vez que me acompañaba a la casa de Elisa, ellas se llevaban muy bien.
Toqué la puerta y mi hermana, no tardó nada en abrirnos y al ver a Amaia, de inmediato ellas se abrazaron antes incluso de saludarme a mí.
—Hola hermana, veo que prefieres abrazar a tu cuñada—Le dije a mi hermana ante el asombro de Amaia—Disculpa que vengamos, Amaia se siente mal y no se me ocurrió un mejor lugar para llevarla.
—Claro Axel, pasen por favor.
Tomé a Amaia en brazos y la llevé a la recámara de mi hermana, la acosté en la cama, le desabroché las zapatillas y la iba a dejar descansar un rato, pero cuando me iba a salir, para pedirle a Elisa un analgésico para dárselo a Amaia, ella me jaló a la cama y como si fuéramos los dos unos adolescentes comenzamos a besarnos sin control y sin medida, el pánico que había sentido, se evaporó en cuanto nuestro labios se tocaron.
Como si nunca tuviéramos suficiente el uno del otro, mis manos viajaron a su cintura y comencé a acariciarla y algo en medio de mis piernas amenazaba con salirse de mi pantalón, por la desesperación y el deseo que sentía cada vez que estábamos cerca. El deseo, por hacerla mía. Quería arrancarle la ropa y que ella me quitara la mía, estaba desesperado porque por un momento pensé que la iba a perder.
Le desabroché la camisa, no supe cómo y la dejé abierta, bajé mi cabeza y la metí entre sus tiernos senos y los besé por encima de su ropa interior, su olor me volvía loco, y mis manos viajaron por debajo de su minifalda, ese cuerpo era toda una tentación para mí, su cálida piel me transportaba a lugares que nunca me había imaginado, necesitaba tenerla desnuda bajo mi cuerpo, necesitaba más.
Ella me quitó el saco y la corbata como pudo y me acariciaba por encima de la camisa, necesitaba sentir sus manos sobre mi piel desnuda, nos seguimos besando y acariciando como unos locos, pero Amaia se detuvo y nos quedamos respirando con bastante dificultad hasta que nos calmamos.
—Axel, aquí no podemos hacer nada. —Ella me hizo recapacitar. —Es muy peligroso.
—Tienes razón, preciosa, debemos calmarnos, en cualquier momento puede entrar Elisa.