Capítulo 4: Mi mayor temor

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Narra Anthony Hay temores que muchos compartimos, miedos que algunas veces nos limitan. Como hijos agradecidos, esperamos que nuestros padres sean eternos, algo que obviamente no es posible; hay leyes de vida que simplemente se deben cumplir, como, por ejemplo; cuando dicen que los hijos deben sepultar a sus padres, aunque esto algunas veces cambia por los rumbos que toma la vida, pero como hijos, no estamos preparados para eso; nunca nos preparamos para atravesar un momento así aunque seamos adultos y nuestros padres tengan sus cabellos blancos, nunca nos vamos a sentir listos para despedirnos de ellos. En mi núcleo familiar solo somos tres personas; mi madre, mi padre y yo. Somos unidos por el amor y respeto que nos tenemos, mi padre Rubben Lancaster, me enseñó a amar a mi madre, a valorar a las mujeres y respetarlas por lo que son. Tuve la fortuna de crecer en medio de seres magníficos, mi papá es de aquí, de New York y mi madre es de Pekín, China; la conoció en un viaje de negocios, se enamoró de ella, de su cultura, de todo lo que tenía que ver con mi madre; Azumi Chen. Con forme pasó el tiempo, mi padre volvió a la ciudad y continuó con los trabajos de su empresa Lancaster Corporation, mantuvo contacto con mi madre y seguían viajando para continuar con su romance, hasta que él le propuso matrimonio y trajo a mi madre a la ciudad. Para la familia Lancaster Chen no desprenderse de las raíces de mi madre, papá abrió un par de sedes en China, viajaban todo el tiempo con la excusa de trabajar, pero era tiempo que aprovechaban con mi familia materna. Como fruto de su amor nací yo, fui criado aquí, pero educado bajo estas dos hermosas culturas. Gracias a mi madre heredé rasgos asiáticos que respeto y valoro, de mi padre heredé su amor por el trabajo; así que me preparé para hoy día hacerme cargo de la empresa familiar. Tengo treinta y cinco años y hace unos años me hago cargo de Lancaster Corporation, la sede principal que está aquí en New York, mi padre decidió retirarse de las grandes responsabilidades y continuar viviendo la vida que quiso, digamos que se jubiló como CEO de estas empresas para poder viajar con mi madre y gozar de mayor tiempo. Hace ocho meses se mudaron a China, mi madre extrañaba su ciudad y decidieron viajar, nunca me opuse, mis padres merecen todo lo que ahora han logrado porque han trabajado toda una vida para ello. Mi padre supervisa el trabajo de las empresas Lancaster en Pekín, tenemos un equipo increíble de trabajo. Después de unos meses sin verlos, mi plan era que ellos viajaran de vuelta a la ciudad para darles la que sería la mejor noticia, pero solo mi madre pudo venir, lastimosamente; nada salió como esperaba y atravieso el temor más grande de todos, el temor de perder a mi madre. —¿En qué momento cambiaron las cosas? Se supone que ahora estaríamos en una cena celebrando mi nuevo proyecto, no aquí, no en este lugar. No debí dejarla, no debí… Dios, si no le pido que venga esto no pasaría, es mi culpa. —Señor, esto no es su culpa; usted siempre ha querido proteger a los seres que ama, pero hay veces que no tenemos el control de todo, es muy lamentable, pero así es la vida; es muy impredecible. Ali, mi asistente pone su mano en su hombro y me da unas palmadas. —¿Qué sabe de mi padre? —El jefe de seguridad me dijo que alguien fue a recogerlo al aeropuerto, debe llegar en cualquier momento. —Gracias, Ali. Seguía sin poder ver a mi madre, tenía mi corazón partido en mil pedazos. —Anthony —escucho la voz de mi padre. Me levanté y busqué su voz, esa que se escuchaba quebrada y llena de dolor. —Papá —susurré. Los ojos de mi padre estaban rojos, su mirada decaída. Desde aquí puedo ver tu miedo y su tristeza. Di pasos rápidos y lo abracé, sentí como rodeó mi cuerpo y lloró en mi pecho. Tenía ese nudo en la garganta que no me dejaba respirar con calma. —Si tu madre muere, yo muero con ella —dijo en medio de los sollozos. Era mi momento de hacerme el fuerte, era mi momento de convertirme en un apoyo para mi papá. —Ella estará bien, ya lo verás, mamá es muy fuerte; saldrá de esto. —No comprendo, ¿Cómo pudo pasar algo así? Su auto es nuevo, no debería tener complicaciones, estaba en perfecto estado, yo… no debí dejar que viniera sola, debí cancelar todo y venir a cuidar de ella; es mi culpa por no proteger a mi esposa. —No papá, la vida es impredecible, nadie quiso que esto sucediera, ahora debemos ser fuertes por ella. Nos tomamos una taza de té para aliviar las tensiones, temía que mi padre pudiera desvanecerse por todo esto que nos pasaba. —Familia Lancaster —dice el médico de cabecera. Nos pusimos de pie y fuimos con el hombre que se veía cansado, agitado y su frente algo sudorosa. —Doctor Brown, ¿Cómo está mi madre? El hombre no dice nada, nos mira y baja su cabeza, lo que me indica que tiene malas noticias. —Por favor, acompáñenme a mi despacho, hay algo que debo decirles. —Doctor, ¿mi esposa está bien? —vuelve a preguntar mi padre—. Diga lo que tenga que decir ahora, no puedo esperar ni un segundo más. No sé nada de mi esposa y eso me mata lentamente, por favor; sea sincero con nosotros y díganos lo que pasa. Los ojos de papá se cristalizaban. —Bien, la señora Chen salió de cirugía hace varias horas, presentó algunas lesiones en extremidades inferiores y superiores; la cirugía fue un éxito. —Dios, eso me alivia —responde papá con una sonrisa. —Pero… Esa palabra borró todo tipo de emoción que pudo dibujarse en nuestro rostro. —¿Qué pasa? —Esto es muy difícil, las noticias fuertes serán algo duro de decir. Seré sincero con ustedes, la señora Chen tuvo un traumatismo en su cráneo, parece que recibió un fuerte impacto en su cabeza en el accidente. Las lesiones externas, golpes y lesiones en brazos y piernas que presentaba, fueron asistidas y están estables, pero debido a su traumatismo; la señora Chen… El doctor nos miró a los ojos, cada que hacía esas pausas nos mataba en vida, en el fondo de mi corazón sabía que algo no andaba bien. —Lamento decirles que la señora Azumi, entró en estado de coma. El impacto lo recibí en mi pecho, allí fue donde sentí el golpe; quedé impactado, mi cerebro se negaba a aceptarlo. En el momento que vi a mi padre dar un par de pasos hacia atrás, reaccioné y lo sostuve, seguía intentando tener fortaleza por él. —Mi esposa… Dios, Azumi —dice mi padre soltando las lágrimas. —Doctor, ¿ella estará bien? ¿puede hacer algo para ayudarla? —Me temo que no tengo una respuesta concreta para ustedes, algunos pacientes evolucionan más rápido que otros. —¿Qué quiere decir? ¿de cuánto tiempo hablamos para que mi madre despierte y continúe con su vida normal? —Puede tardar semanas, meses e incluso años; algunos pacientes despiertan antes y recuperan su consciencia en su totalidad, otros demoran un poco más… esto depende de cada paciente, no puedo asegurarles tiempos en específico. —¡Tiene que hacer algo! —grita mi padre alterado—. Tiene que hacer algo por mi esposa, tiene que ayudarla. Sostuve al hombre de los hombros y traté de controlarlo, el dolor solo se retira, ya no hay más que ellos puedan hacer. —Mi esposa, Anthony, tu madre… Dios, ¿Por qué nos haces esto? Papá entró en un estado deprimente, mis lágrimas no pudieron ser controladas y las dejé salir; senté a mi padre en una de las sillas y le di un abrazo, debemos estar fuertes y unidos para lo que viene. —Me llevaré a tu madre, tramitaré todo para llevarla conmigo a China, allá pueden ayudarla; estoy seguro que estará mejor. —Papá, esperemos. —No, el estado en el que ella está no me permite esperar, haré todos los trámites para llevarla conmigo y no pido tu permiso —dice él decidido. —Está bien, si crees que eso es lo mejor, respeto y apoyo lo que decidas. Pero quiero que vuelvas a pensarlo cuando estés más calmado, no podemos apresurarnos en tomar decisiones a la ligera ¿de acuerdo? En la madrugada mi madre fue pasada a una habitación, en ese lugar podíamos entrar para verla, ya perdí cuanto tiempo llevamos en la clínica desde el accidente. —Por Dios, cariño —soltó mi padre al verla conectada a un montón de aparatos. Mi corazón latía más rápido, no podía creer lo que tenía ante mis ojos. —Azumi, mi amor ¿Cómo pudo pasar esto? Mira cómo estás de lastimada cariño, mira como está tu cuerpo, ¡Dios! Papá temía en tocarla, había tantas laceraciones y hematomas en toda su piel. —Siempre cuidé de ti, mi amor, siempre evité que te lastimaras; estuve a tu lado protegiéndote de todo porque eso lo prometí el día que nos casamos. Oh, Azumi, cariño. Cuidabas tanto de tu piel con esas cremas y ahora… Santo cielos, no puedo con tanto. Sostuve la mano de mi padre y traté de darle fuerzas, me mataba ver el rostro de mamá golpeado e hinchado; sentía que hasta hacerle una caricia en este momento, sería como lastimar sus heridas. —Te llevaré con tu familia, mi amor, volveremos a Pekín; allá podrán ayudarte, prometo ayudarte, estarás bien, lo juro. Abracé a mi papá y nos quedamos así un rato, las lágrimas nos acompañaron mientras pasábamos por el momento más duro de nuestras vidas. Mi deber ahora era pensar en el bienestar de mi madre, así que, seguí lo que mi padre había decidido y apoyé su palabra. Así fue, en los días siguientes tramitamos todo para que mi madre fuera a China en un avión ambulancia, mis familiares en Pekín, esperaban la llegada de mamá. —¿Todo está listo? —Sí, es hora de irnos, es hora de llevar a tu madre a casa.
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