CAPÍTULO VEINTIDÓS Sam llevaba horas bailando. No recordaba otra noche en su vida cuando hubiera bailado tanto o la hubiera pasado mejor. También, había estado bebiendo durante horas, desde que la ceremonia había terminado cuando inició el festín más grande de todos. Debía haber miles de antorchas colocadas alrededor del área de la ceremonia y la recepción, en el enorme campo frente al castillo. Hasta el castillo estaba iluminado con antorchas, las había alrededor de la fosa, a lo largo de la entrada, e incluso en todas las ventanas. De hecho, hasta el foso estaba lleno de velas flotantes. Como si todo esto no fuera poco, por todos lados había miles de flores, con elaborados despliegues de colores. Había enormes cubas de vino, cubas aún más grandes con sangre, y docenas de jabalíes en l

