Capítulo 4

1256 คำ
Cuatro de la madrugada y yo ahí haciendo de tonta en la habitación.   ¡No podía dormir nada! No había podido pegar ojo en toda la maldita noche y para remate empezaba a aumentar mi tic nervioso del párpado. Genial. ¿Podría ser más perfecto? Sea notado el sarcasmo en mis palabras.   ¿Por qué no podía dormir? Esa misma pregunta rondaba por mi cabeza desde que había pasado una hora ahí recostada en mi cama viendo el techo sin encontrar nada exactamente interesante en él.   ¿Estaría hiperactiva? Tal vez Anne me había dado algo en la bebida, algo como un "energizante" o una pastilla para no dormir. Tal vez, tal vez, tal vez. Y ningún "tal vez" tenía suficiente sentido. Lo más lógico que se me ocurrió fue que Harry me había echado algo en la comida para que mi primer día de estadía en aquella casa fuera una terrible experiencia.    O tal vez sólo andaba paranoica y estaba inquieta por recordar que no era mi departamento ni mi cama.   Solté un suspiro que me ayudó a liberar todo el estrés que llevaba encima de mis hombros en ese momento. ¡Y es que de verdad no dormir me desquiciaba aún más!    Demasiado aburrida como para continuar intentando y fallando, decidí por dirigirme a la cocina. Si encontraba comida, al menos tendría algo con lo que entretenerme durante la noche, y si había pastillas para dormir, aún mejor.   Lamentablemente todo optimismo se drenó de mi cuerpo cuando crucé el umbral de la cocina y vi a Harry sentado sobre uno de los muebles. ¿Era esta otra pesadilla? Me pinché el brazo, para descubrir que no; simplemente mi suerte era así de mal y el universo así de cruel.    —Te dije que te fueras de esta casa y no me hiciste caso. Te lo advertí— espetó. Parpadeé, helada, mientras que una idea se formulaba en mi cerebro.   ¿Él había sido quien había provocado que no durmiera? ¿¡Qué rayos pensaba este idiota!? "Ya sé, le daré una pastilla, no dormirá en toda la noche y se querrá ir porque… porque… pues porque será una mala experiencia…". Vale, no me imaginaba a Harry diciendo esas cosas y menos haciéndolas, pero desde que había puesto pie dentro de esa casa lo único que hacía era "amenazarme" con que me fuera.   ¿Cómo podía existir en la tierra un ser humano tan desagradable? Suspiré hondo, intentando apaciguar mi enojo y el tic que este a veces traía consigo.   —¿Se puede saber por qué estás tan esmerado en que me largue?   —Te tiembla el ojo— comentó Harry, mirándome con una ceja arqueada y evadiendo olímpicamente mi pregunta. Exhalé, cubriendo con mi cabello el ojo que me saltaba.   —¿Entonces?     Su mirada se tornó seria de nuevo. —Quiero que te vayas.   Reprimí mis ganas de gritarle. Encontrar mi lugar feliz, encontrar un mundo en mi mente donde Harry Styles sea un gnomo de jardín…   —Eres la nerd, eres mala para mi reputación.   ¿Qué es esta extraña sensación dentro de mí? Creo que mis manos quieren golpearlo.   —Eres extraña, rata de biblioteca, y preferiría que no estuvieras aquí— siguió él, haciendo aumentar mis ganas de descuartizarlo. Pero no.   Yo era una persona que no estaba a favor de la violencia y que estaba dispuesta a dialogar para encontrar una solución.   —Más bien, preferiría que no existieras.   Y como era una persona pacífica y civilizada, reprimí mis ganas de acuchillarlo, bañar el piso con su sangre, romper su cabeza, con una pistola atacar a su pequeño corazón egocéntrico y tirarlo por un puente.   —Vete, nerd, dile a la zorra de tu madre que se largue lejos de aquí contigo— concluyó él amenazante, luciendo como un maldito secuestrador que intenta meterte el miedo por las venas.   Pero no. Esta jodida vez no.   ¿Quería guerra? Tendría guerra. Y si de algo estaba segura, era que conmigo no se jugaba. Podía ser nerd, podía ser tímida, podía ser ridícula, podía ser extraña, podía ser un millón de cosas… Pero antes que todo era una persona, y una persona tiene sus límites, hasta los más invisibles de la sociedad.   —Así que, lárgate de una jodida vez ante…   —No— lo interrumpí. Harry frunció el ceño.   Vale, esta era la tercera vez en la vida que me permitía contestar de vuelta por mero enojo. La primera había sido con el director, la segunda con mi madre. Sí, largas historias que prefería no recordar y de las que no me sentía particularmente orgullosa. Tal vez esta sería la excepción.   —¿Qué dijiste?— cuestionó intentando intimidarme de nuevo.   Me acerqué más a él.   —Tú, sordo idiota— solté, exasperada de que siempre el chico me tratara de intimidar—, no puedes mandarme de esta manera. A mi madre la echaron del departamento y tu madre…   —Mi madre no te invitó a quedarte— se burló.   —Tu madre nos dejó quedarnos— contraataqué—. Así qué cállate de una buena vez y déjame en paz.   —No lo haré hasta que te vayas.   —¿Siquiera oíste lo que te dije? ¿Crees que me agrada estar contigo? ¿Crees que yo elegí estar en esta situación? ¡No! Eres un idiota que finge ser la gran cosa mientras que sólo es un egoísta, un simio idiota y un completo imbécil— respondí exasperada.   Fue tan sólo cuando el silencio nos rodeó que caí en cuenta de que acababa de gritarle, llamarle simio idiota e imbécil a uno de los tan conocidos populares, que asistía a la misma escuela que yo, y que era el mismo Harry Styles al que no le había levantado la voz antes porque tenía miedo de que los insultos y las burlas empeoraran.   Y por si ello no fuera suficiente, era el hijo de las personas que nos habían acogido a mi madre y a mí cuando perdimos el departamento.   En otras palabras, era oficialmente nerd muerta y ya me estaba haciendo una idea de cómo sería mi funeral.   —¿Me dijiste imbécil? — cuestionó tardíamente. Oh, sinceramente había esperado que no hubiera escuchado esa parte.   Traté de pensar en una excusa barata para zafarme de ello, pero al parecer había dejado mis neuronas en mi habitación, porque claramente si hubiera pensado más en esto, no le habría gritado a Harry Styles en la cara antes de medir las consecuencias.   —Sí— admití finalmente, bajando la mirada a mis pies.   Solamente había una palabra en mi vocabulario para definir esto, y era un desastre.   Para mi sorpresa, y la de mis dos neuronas restantes, Harry soltó una sonora carcajada que me hizo alzar la mirada y verle como si estuviera demente. ¿Había perdido la razón? ¿Acaso todo lo que le había dicho finalmente lo había conducido hacia la inevitable locura? Quizá… ¿había pensado que todo lo que había dicho era una linda y simpática broma, que olvidaría al día siguiente?   —Eres tan tonta— dijo al parar de reír. O tal vez no.   —Escucha…   —No, es decir… Eres más ruda de lo que pensaba— comentó, luciendo entretenido.   Evadí su mirada, con un cúmulo de nervios formándose en mi estómago, mientras intentaba hacerme una idea de lo que atravesaba la mente de Harry en aquel instante. ¿Qué ocurriría si hablaba sobre esto con su madre? Si Anne se enteraba que sus visitas ofendían a su hijo de esa manera, probablemente no dudaría en regresarnos a la calle.   —Tal vez esto sea divertido después de todo— susurró Harry tras un minuto. Le miré con desconcierto y una sonrisa inocente tiró de sus labios—. Dulces sueños, Thirlwall.   Los latidos de mi corazón sonaban en mis oídos para cuando Harry se retiró de la cocina hacia su dormitorio. Me sostuve contra el mueble de la cocina, en un intento de regular mi respiración y compensar mi presión sanguínea.   ¿Era en serio? ¿Es que Harry Styles siempre tendría esa clase de poder sobre mí? Y más importante aún…   ¿Qué demonios había querido decir con eso?  
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม