Capítulo 3: La mansión de los Morgan

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Narra Abbigail Están pasando demasiadas cosas en un mismo momento, hace menos de veinticuatro horas cancelé mi boda, me regresé a mi antigua ciudad para estar en la casa en la que crecí con mi madre y resulta que ella se ha mudado con su nuevo novio. —¿Cómo que vives con él? —pregunté. —Lo sé, debes estar sorprendida, para mí también fue algo sorpresivo cuando me lo propuso, pero fue la mejor decisión, ambos necesitábamos compañía y pues, solo somos él y yo. Mi deber es sentirme feliz por ella, al menos una de nosotras está teniendo una bonita relación. —Si tú te sientes bien, entonces, creo que yo también. —Entonces ¿vendrás conmigo? —Sí, mamá, iré contigo. Ella abre sus brazos y me rodea con fuerza, sentí que algunos huesitos de mi espalda tronaron. —Prometo que te sentirás como en casa, haremos muchas cosas juntas, estarás bien, te sentirás mejor y cuando menos creas, te habrás olvidado de todo lo malo. Fernando está muy feliz de poder conocerte y de poder compartir contigo en este verano. —Gracias, mamá. Necesitaba escuchar esas palabras. Mi madre estaba en mi antigua casa para recibirme y de paso para terminar de organizar algunas cosas en ella, pues nuestra casa será rentada mientras vivimos con su nuevo novio. Debo admitir que en el camino hacia ese lugar en el que pasaré mi verano, tenía nervios, estaba ansiosa y apenada porque no quería incomodar; creo que de saber esto antes, opto por quedarme en mi apartamento de Los Ángeles llorando como niña pequeña. Mis primeras impresiones fueron buenas, para que digo eso, mejor dicho, extremadamente buenas; nos llevaron a la casa den dichoso Fernando en un auto bastante lujoso. —Es un auto muy lindo, ¿verdad? —le dije a mi madre. —Sí, Fernando es amante a coleccionar autos. Levanté mis cejas ante esa respuesta tan modesta. —Llegamos, señoritas. Iba a abrir la puerta del auto, pero alguien desde afuera lo hace. —Bienvenidas —dice el hombre de traje oscuro que me da la mano para que baje del vehículo. Abrí mis ojos y mi boca. —Es… es hermosa —solté en un susurro al ver la casa del novio de mi madre—. Mamá, no dijiste que era una mansión. Esto es… por Dios, ¿Qué hace tu novio? —Es empresario, cariño. Mamá da un paso para ingresar a la casa del hombre, pero la detengo de su brazo para que me dé más información. —Debes contarme todo antes de entrar, no me digas que las mascotas del hombre son jirafas y que tiene un safari en su jardín o que tiene delfines en su piscina. —Abbi, no exageres. —Si me lo dices lo puedo creer, es que mira este lugar; es gigantesco, ¿Cómo que solo son ustedes dos? Aquí puede vivir un equipo de futbol. —Cariño, Fernando es un hombre muy sencillo a pesar de estar en un lugar como estos; ya verás. —Espera, tienes que decirme donde lo conociste. ¿Cómo terminaste con un hombre de este nivel? —Le vendí uno de mis seguros, es todo. De la empresa de seguros me enviaron aquí y desde entonces no hemos dejado de vernos. Hasta creí que no lo compraría, pero es la mejor venta que he hecho a lo largo de mi carrera. Mamá me toma del brazo y me lleva con ella al interior de la mansión, ahí nos reciben algunas chicas que por sus uniformes sé que son empleadas del hombre. —Cariño, él es Fernando. Miré hacia las escaleras y vi a un hombre de unos 60 años, la verdad luce muy bien. Físicamente es alto, tiene cabello claro, algo corto con algunas canas, tiene barba espesa y ojos azules. Es un hombre robusto y apuesto para su edad. Destaco lo elegante y sofisticado que se ve, no lo digo solo por su manera de vestir; también por su manera de hablar, cuanta clase. —Abbigail, por fin puedo conocerte. Bienvenida. El hombre toma mi mano y la estrecha con delicadeza. —Muchas gracias por recibirme en su casa, señor Fernando. Es muy hermosa. —Espero que puedas sentirte como en casa, si necesitas algo, solo debes pedirlo. —Gracias. Miraba a mi madre y sin duda hacían una pareja preciosa, mamá es muy bella y merece un hombre de altura. —Pediré que alguien te acompañe a tu habitación, escogí la de mejor vista para ti. Me derretía con tanta amabilidad, me hace feliz que mamá haya encontrado un hombre tan atento. —Oh, no sabe cuan agradecida estoy. La verdad no sabía que… bueno, mi madre recién me ha contado y me sentía avergonzada porque no tengo intensión de incomodarlos. —Para mí es un honor que estés aquí, sé lo feliz que está Elena por tu visita y claro que yo también lo estoy, ya tenía muchas ganas de conocer a la hija de mi bella mujer. Puedes ponerte cómoda. Eh, ¿puedo llamarte Abbi? —Sí, señor Fernando, claro que puede. Le di un vistazo a mamá y pude notar sus mejillas sonrojadas. —Señorita, venga por aquí, le mostraré su habitación. —Con permiso —dije tomando mi equipaje y siguiendo a la joven que me guiaría. Miraba lo que había en mi camino y se notaba que cada elemento decorativo, fue seleccionado de manera minuciosa. Las pinturas, las esculturas e incluso, algunas que de mi antigua casa estaban aquí y por el simple hecho de estar colgada en estas paredes, se veían más costosas. —Está en su habitación, si necesita algo puede llamarme, mi nombre es Mery. —Gracias, Mery. —¿Quiere que le ayude a desempacar? —No, está bien. La chica, que es muy joven, sale de la habitación y me deja sola. Tuve mi momento para reparar el baño, el closet, la enorme cama, todo es precioso. Lo mejor, tengo una hermosa vista desde el balcón. —¿Te gusta? —escucho detrás de mí. —Sí, mamá, es hermosa. —Me refiero a Fernando, ¿te gusta? —Claro que sí, mi primera impresión fue demasiado buena, claro que me gusta para ti. Mi madre muerde un poco sus labios y sonríe. —Cuando me separé de tu padre, pensé que no podría volver a… bueno, a empezar desde cero con alguien, conocer a otra persona y menos hacer una vida. Me enfoqué tanto en ayudarte, en trabajar duro, que me dejé a mí misma a un lado. A mi edad pensé que terminaría el resto de mi vida sola, y mira donde estoy. —Mereces todo esto, mamá. Los bonitos tratos, las atenciones. Eres una gran mujer. Rodeé el cuerpo de mi madre y sentí como me cobijó con sus brazos. —Estoy feliz de que estés aquí, Abbi. —Yo también estoy feliz de estar aquí, mamá. A pesar de que mi corazón está algo golpeado, pero me hace bien tenerte cerca de mí. Esa tarde, tuve mucho tiempo para conversar con mamá, le dije muchas cosas que quizás eran intimas, pero desde siempre he tenido mucha confianza con ella. Siento que mi madre es la única persona que puede entenderme al cien por ciento. —Por un lado, me alivia enterarme de todo antes de haber llegado a la iglesia, por la pena moral, me hubiese quedado callada y me habría tocado perdonar su infidelidad por vergüenza a exponer algo como eso después habernos casado; pude aferrarme a algo que no valía la pena. Aunque, admito que fue muy doloroso deshacerme de todo lo que había organizado por casi seis meses, de mi vestido, de… Mi voz se entrecorta, pero trago el nudo en mi garganta y me lleno de fuerzas. —Es mejor que todo haya pasado de esa manera —dije limpiando mis ojos antes de que una lágrima se pueda escapar. —Tus días aquí serán buenos, ya lo verás, estando juntas todo pasará más rápido. Asentí a lo que dijo y así lo sentía, siento una buena vibra en este lugar; el ambiente, todo me genera demasiada paz y tranquilidad, justo lo que necesitaba.
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