Narra Abbigail
Me queda hermoso, no dejo de admirar lo que veo en el espejo, realmente me gusta.
—¿Cuántas veces más te medirás el vestido? —pregunta mi amiga Alise.
—Las veces que sea necesario, quiero asegurarme de entrar en este vestido para el día de mi boda.
—Falta solo una semana, no te preocupes, no dejaré que subas de peso en lo que resta para la boda.
Mordía mis labios para contener mi sonrisa, de verdad que no entro en mi propio cuerpo de la felicidad.
—¿Cuándo vendrá tu madre?
—Creo que llegará en tres o cuatro días, es lo que me dijo. La verdad pensé que llegaría antes para ayudarme con todo lo que necesito, pero parece que está ocupada. En realidad, siento que hay algo extraño, desde hace unos meses siento que pasa algo.
—¿Por qué lo dices?
—Pues, hablamos con menos frecuencia, hace mucho no me visita porque está ocupada y siempre dice que es su trabajo. La verdad creo que ya no me quiere.
Alise me ayuda a quitarme mi vestido, ella siempre me ayuda con todo.
—Bien, dejemos el tema de la señora Elena a un lado y pensemos en lo que haremos hoy, es tu despedida de soltera, cariño; ya deberíamos estar en una disco o uno de sus lugares donde entran hombres desnudos.
—¡No! ¿Cómo dices eso?
—Vamos, Abbi. Lo dices como si fueras una de esas vírgenes, tienes 26 años, no es para tanto. Anda, si quieres llamo a las chicas y nos reunimos en un…
—Ali, por favor… de verdad no quiero algo así. Mejor vamos a cenar algo rico, nos tomamos unas cuantas copas y es todo.
—¿Qué? Abbi, en una semana dejarás de ser soltera, no tendremos más salidas como esta, es una despedida a tu vida feliz, porque una vez tengas la sortija, estarás condenada.
—Insisto, no es lo que quiero. Daniel fue a comer sushi con sus amigos, no sería correcto que yo vaya a uno de esos planes locos que pueden traer problemas. Además, ya sabes que el alcohol y yo no somos amigos, mejor algo más tranquilo.
—Está bien, llamaré a las chicas y reservaré un restaurante ¿de acuerdo?
—No, solo nosotras, ¿sí? Mañana debo trabajar a primera hora y luego reunirme con la wedding planer.
—Dios, que aburrida, muy aburrida. Pero está bien, será como tú digas.
Así como se habló, solo ella y yo salimos a cenar, fuimos a un restaurante italiano que está cerca de mi apartamento, luego nos tomamos unas copas de vino y antes de medianoche, ya estamos de regreso en la casa.
Amanecí como nueva, fresca y lista para continuar con los preparativos, desde que se escogió la fecha de la boda, no he tenido más en que pensar que no sea eso.
Me tomé mi café como todos los días mientras espero a Daniel, mi prometido. El tiempo fue pasando y él no aparecía, le envié un par de mensajes, pero parece que se ha ocupado y me toca llegar a la empresa por mi cuenta.
Estaba algo preocupada, pensé que le había pasado algo, pero luego recordé que él es el jefe y que seguramente se había presentado algo a última hora.
Al llegar a la empresa me reuní con alguna de mis compañeras para desayunar, entre ellas Alise.
—¿Por qué andan tan calladas? Esto parece un velorio ¿Qué sucede?
Alise le da un ligero codazo a una de las chicas de al lado y esta solo sonríe, me mira y luego aparta su cara.
—¿Qué les pasa? —cuestioné al verlas tan calladas.
—Nada, es que… creo que tenemos algo de trabajo acumulado. Si me disculpan, debo retirarme.
—Yo igual —responde la otra chica.
Hice un gesto de confusión con mi rostro por la forma en la que nos dejaron, eso fue extraño.
Más tarde estaba en mi oficina, mientras organizaba una pila de documentos, escuché que mi móvil sonó.
—Cariño, ya estoy en la empresa. Lamento no pasar por ti, pero no escuché el despertador. Prometo compensarlo con un rico almuerzo, ¿está bien?
Sonreí por su mensaje y le dije:
—Está bien, pero si le agregas el postre acepto, de lo contrario seguiré molesta por lo que resta del día.
—Lo que digas, mi amor.
Estaba emocionada por verlo, por darle un beso, por abrazarlo y por contarle como me había ido con mi amiga en la cena. Daniel y yo tenemos mucha comunicación, confío mucho en él porque siempre es transparente conmigo.
Conocía a Daniel aquí, en la empresa, él es mi jefe; no sé cómo inicio nuestro romance, pero en un abrir y cerrar de ojos ya conocía a su familia y fui acogida con mucho cariño por parte de ellos.
—¿Ocupada? —escucho que alguien dice asomándose en la puerta.
—Oh, mi amor.
Daniel entró a mi oficina con un ramo de flores, lo que me tomó por sorpresa.
—Cariño, no esperaba esto —dije levantándome de mi asiento para recibirlas.
—Esta es la razón por la que llegué tarde, quería sorprenderte —comenta él rodeando mi cintura y dejando un beso en mis labios.
—Gracias, cariño. Están hermosas. Pero… No traje nada para ti, lo siento.
—No tienes que darme nada, mi amor. Lo hago porque hoy me nació consentirte, demostrarte mi amor y lo mucho que te amo.
Sus palabras me removieron el pecho. Esto me recuerda la razón por la que acepté ese anillo de compromiso que ha cambiado mi vida.
—Nos vemos en el almuerzo —dice dejando un beso más en mis labios—. Enviaré a alguien por ti.
Asentí y sonreí como niña pequeña, mordí mis labios y los vi salir llevándose todos mis suspiros con él.
Me apoyé de la pared e inhalé las flores, su aroma era delicioso. Estaba extremadamente feliz, ya quería que mi hora de almorzar llegara para ir con él. En estos dos años de relación me di cuenta que era el hombre perfecto, sus detalles, su manera de tratarme, todo él era lo que necesitaba.
Unas horas después, ya estaba lista para organizar mis cosas y marcharme al restaurante, dejé otros asuntos pendientes para después, me urgía ir con él.
Bajé hasta la planta principal, el auto que Daniel envió por mi estaba afuera esperando.
—Abbi, espera —dice Alise tomando mi brazo de repente.
—Carajo, casi me matas del susto ¿Qué pasa?
—Tenemos que hablar.
Por la manera en que lo dice, por su rostro, creo que algo pasa, pero no tengo tiempo ahora; si es un chisme de pasillo tendrá que esperar hasta que regrese.
—Lo siento, pero ahora estoy ocupada. ¿podemos hablar después?
—No, espera, es urgente —dice metiendo su mano en la bolsa para sacar algo.
—Lo siento, Ali. Apenas regrese iré a tu oficina, ¿de acuerdo?
—No, espera… Es que tengo algo que mostrarte, solo dame dos segundos mientras encuentro mi móvil. Es que no sé dónde está, ¡Carajo! Creo que está en mi oficina, si me das dos segundos más, puedo ir y volver muy rápido.
—Uno y dos… se acabó el tiempo, me voy.
Di un paso al costado y tomé mi camino.
—No, espera.
—Lo siento, voy tarde. Más luego hablamos ¿sí?
Le envié un beso con el aire y seguí con mi camino hasta afuera de la empresa, el conductor de Daniel abre la puerta del auto para mí y al entrar, me doy cuenta que tengo una botella de champaña, una copa y chocolates.
—Oh, él como siempre tan detallista.
Me serví una copa de vino en lo que llegaba al restaurante que estaba muy cerca de la empresa, la tomé rápidamente para poder tener tiempo de retocar mis labios.
—Llegamos —dice el conductor.
—Que amable es, muchas gracias.
El hombre abre la puerta para mí y tan pronto dejo un pie en el suelo, el móvil vuelve a sonar, al ver la pantalla me doy cuenta que es Alise.
—Puedes esperar —dije desviando la llamada e ingresando al lugar.
Mi teléfono no paraba de sonar, pero cada que lo hacía desviaba las llamadas. Vi a lo lejos a Daniel y levanté mi mano, le regalé una sonrisa y no podía esperar más para darle un beso. Pero Alise seguía insistiendo, esta vez con muchos mensajes.
—Carajo, ¿Qué quiere?
Me detuve y abrí sus mensajes, pero al hacerlo, lo que vi, no era lo que yo esperaba.