Medio Arcoíris Los días que siguieron al “milagro” de Lionel estuvieron teñidos de una felicidad secreta y una urgencia renovada. La caída en la cama, que había culminado en una noche de pasión desbordante, no había sido un tropiezo, sino un umbral. Habían cruzado una frontera, y al otro lado, el mundo se sentía más nítido, más vibrante. La guerra contra Santiago seguía en pie, pero ahora, cada paso que daban estaba impulsado por un propósito más profundo, más personal. El amanecer los encontró entrelazados, sus cuerpos aún al calor de la intimidad compartida. Emilia despertó primero, acurrucada contra el costado de Lionel, sintiendo el ritmo constante de su corazón bajo su oído. Levantó la cabeza y lo observó dormir, su rostro relajado en el abandono del sueño, una mano desca

