Un temor, un Latido El encuentro con el doctor fue tan tenso como habían anticipado. El hombre, un viejo amigo de la familia Márquez, lanzó una serie de preguntas que, si bien eran profesionalmente válidas, llevaban el inconfundible veneno de la influencia de Claudia. Lionel, con una calma gélida que Emilia admiraba y temía a partes iguales, manejó la situación con maestría. Desvió las preguntas más insidiosas, exageró sus síntomas cuando era conveniente y restó importancia a su rápida mejoría, atribuyéndola a la "rutina disciplinada" que Emilia había implementado. Emilia, de pie a su lado, respondió a las preguntas dirigidas a ella con una precisión de manual, citando presiones arteriales y regímenes de medicación con la frialdad de una máquina. Por dentro, sin embargo, se sentí

