CAPÍTULO DIECIOCHO Urzula Ezergailis, forense, miró hacia arriba mientras se bajaba del ascensor hacia el vestíbulo. —¿Qué estás haciendo aquí ya? —preguntó. —Esperándote, —dijo ella. —Lacónico como Urzula, —respondió Maris. —Escucha, Urzy, tengo un video de seguridad mostrando a un sospechoso administrando una inyección de algo en la víctima Muceniek. ¿Aún tienes la carne? La ceja subió sobre su frente y el labio se acurrucó en el canino. Por un momento, estaba seguro de que estaba desayunando. —Vamos a echar un vistazo. Ella lo dejó entrar por la puerta y lo llevó hacia el casillero de carne. —Te metiste en un poco de problemas con la Coalición, he oído. ¿Te dejaron salir por buen comportamiento? —“Si claro”, bromeó él. No le sorprendió que no lo persiguieran. Había sido una dete

