DARKO (ocho años) Me encontraba jugando con Danja a los exploradores. Estábamos escondidos debajo de las sábanas. Le había creado una especie de cambuche para hacerla pensar que nos encontrábamos en una cueva. Pero no sé en qué momento había pasado de ser su compañero de aventura a un dócil camello de carga. Reía junto con ella, y por un momento, el mundo fuera de esta cueva de tela no existía. Éramos solo nosotros dos, respirando el mismo aire tibio de la infancia que intentaba sobrevivir como podía dentro de esa casa infestada de sombras. Entonces la puerta se abrió con fuerza. —Darko. Danja. Vengan inmediatamente a la oficina de su padre. El arzobispo ha venido a visitar el hogar —la voz de mi madre sonaba hueca, como si cada palabra le arrancara un pedazo de alma. Vi el terror en l

