Capítulo 32 Rebecca Al llegar a mi casa la soledad me recibió envolviendo mi cuerpo en una tristeza abrumadora. Cerré la puerta a mis espaldas y subí las escaleras pesadamente con dirección a la habitación de mi tía. El sol ya se había escondido, quería dormir para no pensar en nada y ya en la mañana pensaría como enfrentar mi realidad. Necesitaba un pequeño respiro y después volver a levantarme para seguir. —¿Tía?— llamé a su puerta y la abrí cuando nadie me contestó. Al hacerlo no encontré a ninguno de los dos y me fui a mi habitación lanzando mi bolso hacia el sillón y dispuesta a tomar una ducha larga. No sé por cuánto tiempo estuve ahí bajo la regadera, pero supongo que fue el suficiente como para que la piel de mis dedos se arrugara. Salí de ahí directo al clóset para colocarme

