—En mi nombre y en nombre de mi madre y abuela, los invito a quedarse en nuestra propiedad—dije regresando a la casa del lago. La abuela tenía razón, Azrael se había ido y los monstruos aún seguían aquí. Sin pelear. Tía Kathe dejó de hacer oír su música y pude ver como tío D besaba a su compañera destinada. Bueno no por mucho tiempo porque ella se desmayó. Tía Kathe se encargó de ella de inmediato. Miré a Gabriel y él extendió una mano en mi dirección. Camine hasta llegar a su lado y lo bese. La Quimera con la que estuve luchando se acercó a nosotros. Inmediatamente hice aparecer una lanza de sangre en mis manos. La Quimera se detuvo a unos metros de nosotros. —Mi ama desea paz, ella quiere darles paz—dijo esa cosa con una voz muy particular. —¿Quién es tu ama?—pregunté al da

