Vi como sus ojos calaban hasta mis huesos, su mirada se volvió un tanto sombría, era como si no fuera el chico que siempre aparece me da unas buenas cogidas y se va - ¿Qué haces aquí? – Yo lo miraba sin poder decir ni una sola palabra, y es que jamás sentí esta sensación, el estómago lo tengo revuelto, no sé qué decir - ¿No me vas a responder Evangelina? – Hizo énfasis en mi nombre. -Amigo ¿Se conocen? – Francisco intervino, yo solo miraba a Agust, estaba ahí, petrificada, por más que queria modular alguna palabra, no podía, era como si se me quedaran atascadas a mitad de la garganta. -¿Te comió la lengua el rato? – Agust ignoró a su amigo, tenía la mirada clavada en mi - ¿No vas a responder? -¡Ey! – Sentí un leve toque en mi hombro, y eso logró sacarme de aquel trance en el que me e

