AGUST -¡Por fin llegas! – Me dijo uno de mis hombres de confianza. -Lo siento, estaba desayunando – Le di una sonrisa – Ya sabes uno no puede comenzar el día sin comer antes. Vi como puso los ojos en blanco. Me metí a la pequeña oficina que tenía allí, tomé la ropa que estaba doblada en el escritorio, y me la puse, para lo que tenía que hacer no queria ensuciar el traje. -¿Dónde está? – Le dije al hombre que estaba detrás de mí. -En el gran salón. Me respondió él, me terminé de cambiar, iba todo de negr* así las manchas de lo que iba hacer no sería difícil de quitar. -¿Sabe por qué está aquí? – Volví a hablar mientras me dirigía al lugar. -No sabe nada, no hablamos, ni dijimos nada, así como pediste. -Perfecto. Al entrar, pude divisar al hombre que estaba sentado en una

