EVANGELINA Ya ha pasado una semana desde que mi padre me dio la noticia de que queria que volviera a casa y tomara las riendas de la compañía. Tambien ha pasado una semana desde que Agust se volvió mi instructor, no había dejado de venir y traerme comida, hasta se había encargado de pedirme una licencia en el trabajo para que yo pudiera adelantarme en todo lo de la compañía – una sonrisa irónica se me dibujó en el rostro – Eso era una locura ¿Un mocoso de 22 años enseñándome a mí? Esto era una broma de la vida. Todos los días venía a mi casa, entraba como si esta fuera su casa, se acomodaba, se quitaba la camisa y dejaba su escultural cuerpo a mi vista. No sé cómo pretendía que me concentrara viéndolo a él así, mi cabeza se imaginaba que él me tomaba una y otra vez y le daba múltiples

