EVANGELINA Me encuentro tirada en mi cama, hace una semana que no veo a Agust, justo dejó de venir después de aquella dichosa fiesta. No puedo negar que lo he echado de menos. Mi cuerpo tiene una adicción a sus besos, sus toques salvajes, sus caricias cargadas de deseo, la manera salvaje que toma todo de mí. Tengo miedo, había matado este sentimiento que está creciendo dentro. Cada vez que me entregaba por completo a un hombre, salían corriendo por mi manera poco convencional de querer follar todo el tiempo, de que me tomen con todas las fuerzas y que me dominen a la hora de hacerlo. Cada vez que mostraba mi verdadera esencia solían dejarme diciendo: ¨Eres mucho para mi¨ ¨Eres una loca adicta el sexo¨ ¨Acabas con cualquier hombre¨ ¨Eres una zorra¨ ¨¿Quién puede pensar una vida contigo,

