Capítulo 4: Todo terminó

1558 คำ
Narra Catherine Vi caer mi matrimonio en mil pedazos, cuatro años de entrega absoluta; confianza, apoyo, fidelidad, respeto y amor. Tenía ante mis ojos la respuesta a todo, ahora lo entiendo, todo tiene sentido. Su actitud, su distanciamiento, la manera en la que tomó la noticia del embarazo, todo eso tenía una razón de ser, Christopher tiene una amante. Abrí la puerta y lo primero que se resaltó, fueron esas horribles marcas en su espalda. —Catherine, ¿Qué haces? —dice él girándose rápidamente hacia mí. —Eres un maldito Christopher. —¿Qué pasa ahora? Tenía los sentimientos atorados en mi garganta, me sentía en una pesadilla. Levanté su saco y le mostré lo que vi. —Esto pasa, Christopher. Él me observa asombrado y cierra la llave de la ducha. —No es lo que crees. —¿Los aruños en tu espalda tampoco son lo que yo creo? Él intenta decir algo, pero mejor cierra su boca, sabe que ya no hay nada que pueda hacer o decir para justificarse. —¡Eres un maldito! —grité aventando el saco sobre su cara. Salí del baño y me dirigí a la habitación, él toma una toalla y la enrolla en su cintura mientras trata de alcanzarme. —Catherine, no hagas un escándalo de esto. —¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¿Cómo no hacer un escándalo? ¡Mierd*! Me has estado engañando, Christopher. No quería llorar, pero mi corazón débil no lo resiste. —¿Por qué? ¿eh? ¡¿Por qué?! —le grité con el enojo y tristeza que invadía mi ser—. Después de tanto, después de todo lo que he hecho por ti. ¿Cómo pudiste hacerlo? Él se queda callado. —Me esforcé por ser esa mujer que querías, cada maldito día me esfuerzo para ser la esposa perfecta que quieres ¡¿Para qué?! —grité una vez más—. ¿De que sirvió tanto esfuerzo? A la final te fuiste a revolcar quien sabe con qué zorr*. —Baja la voz, Catherine. —¡No me voy callar! ¡No haré silencio! ¡Maldito hijo de put* me engañaste! Puse las manos en mi pecho, justo ahí dolía más. —¿Cómo pudiste? Miré a un lado de mí y en la mesa de noche teníamos una foto de nuestra boda. La tomé y sin contenerme, la aventé a la pared hasta que el cristal se rompiera en mil pedazos. —Se lo diré a tu madre, a tu familia, a todos. Les diré que tú arruinaste nuestro matrimonio, que tú lo echaste a perder, por tu culpa… Mi voz flaqueó, no pude continuar. Caí en el borde de la cama y llevé mis manos a mi rostro, las lágrimas incontrolables y ese hueco en mi pecho, me obligaban a solo llorar. Dolía, dolía demasiado porque jamás pensé que él pudiera hacerme así. La persona a quién más amo, me ha lastimado, y eso duele demasiado. —Quiero saber la verdad —susurré—. Ya no puedes ocultarlo más, así que quiero que me digas ¡Dime la verdad! Quería escucharlo de su propia boca. —No hay nada que decir. —Dime, ¿por qué? ¿no era suficiente para ti? ¿No era suficiente la mujer que tenías en tu casa y por eso saliste a buscar a otra? Rebajé mi dignidad ante esas preguntas, pero esas fueron las primeras que me invadieron. ¿Qué me hizo falta? ¿Qué fue eso que no le di que alguien por fuera si lo hizo? —Anda, ¡Dime algo! ¡quiero que me digas! ¿Por qué? ¿acaso ya no te gusto? —No se trata de eso —responde entre dientes. —¿Entonces? Me levanté de la cama y di un par de pasos hasta él. —Quiero que me digas desde cuándo, ¿desde cuando estás con esa mujer? En este punto ya no sé ni que pensar… ¿Cada que llegabas tarde era por ella? ¿tus viajes de trabajo si eran por trabajo? ¿Las noches de mucho trabajo en la oficina también estabas con ella? Él niega con la cabeza. —¿Lo vas a negar? Por Dios, estabas por acostarte a mi lado luego haber estado con esa… con esa maldita zorra. ¿De verdad te daba la cara para volver a nuestra cama y dormir a un lado de mí luego de haber…? No podía ni decirlo, me repugnaba, me resultaba asqueroso. —Quiero saber quién es, ¡¿Quién es ella?! Christopher pretender volver al baño, pero seguí insistiendo. —¡Dime! ¡¿Quién es esa maldita?! —Eso no te lo puedo decir. Esas seis palabras se sintieron como una bofetada. —¿La proteges? ¿Estás protegiendo a tu amante? Ya, carajo ¡dime algo! —Sí, tengo una amante —responde deteniéndose de golpe y mirándome a los ojos—. Ya deja de insistir. ¿Qué quieres que diga? Ya lo viste todo, ¿Qué más quieres? Mordí mis labios y limpié mis ojos húmedos. —Arruinaste nuestro matrimonio, Christopher. —Sí, eso lo sé. No tienes que repetirlo. —Piensa en todos los planes y proyectos que acabas de tirar a la borda, piensa en todo lo que hemos construido, tú lo acabas de tirar todo a la basura. —Lo sé —repite. Me sorprendía su reacción, solo confirmaba cada cosa que decía, pero nunca se disculpaba. —Claramente, no podemos seguir luego de esto, Christopher. —Sí, es obvio. Llamaré al abogado a primera hora para que inicie el proceso de divorcio. Lo miré sorprendida, —¿Divorcio? —cuestioné en un susurro confuso. —No voy a pedirte o suplicarte perdón, no voy a justificar lo injustificable. Sí, tengo un romance con alguien, lo admito. No es algo de ahora, así que no hagamos de esto drama. Mis manos temblaban de la ira que sentía, apretaba mis puños y quise morirme, pero aproveché esa fuerza en mis manos para abalanzarme a él y darle una bofetada. —¿Cómo pudiste? ¿Cómo fuiste capaz? ¡Eres un maldito, Christopher! Perdí el control de mí por un momento, lo insulté y lo golpeé en medio de lágrimas. No era yo en ese momento, era mi corazón dolido el que estaba actuando por mí. —¡Ya! ¡Tienes que calmarte, Catherine! Christopher me toma de las muñecas y evita que siga golpeando su pecho. —¡Vete de mi casa, Christopher! —grité señalándolo—. Quiero que te vayas, no quiero volver a verte, ¡No quiero verte más! Estaba dolida e intentando recoger mi dignidad del suelo. —No quiero que estés aquí —solté luego de calmarme. Él no se inmutaba, solo me observaba. —¡¿Qué esperas?! ¡Largo de mi casa! Arruinaste nuestro hogar, quiero que te vayas sabiendo que todo lo echaste a perder, que, por tu culpa, las cosas acabaron ¡Fuera de aquí! No quiero que vuelvas a pisar este lugar, te quiero lejos. No creas que podrás acostarte en mi cama de nuevo, luego de esto ¡jamás podré verte igual! ¡Maldito desgraciado! ¡Tú eres un…! —Esta casa es de mi padre, Catherine. Me quedé callada de golpe. —Te recuerdo que esta casa fue un regalo de mi padre, me temo que eres tú quien debe salir de aquí. —¿Qué? ¿De qué hablas? Un poco antes de casarnos, el padre de Christopher nos regaló esta casa. Pensé que la propiedad estaba bajo nuestro nombre. —La casa está a nombre de mi padre, así que no puedo salir de este lugar. —Pero… —También me pertenece, he invertido también mi dinero a este lugar; ¡Yo también le he…! —No te pedí que lo hicieras, nunca te dije que le invirtieras tu dinero o el de tu familia a una propiedad que no te pertenecía. El hombre que estaba frente a mí, era el Christopher que nunca conocí. Un golpe doble para mí. —Está bien… Tomé aire y asentí. —Me voy entonces. Lejos de mi ciudad, de mi familia y con el corazón en las manos, voy por mi maleta para empacar mis cosas. —Con respecto a lo otro, cumpliré con mi obligación. Prometo responder por nuestro hijo, nunca le faltará nada. ¿Lo otro? Así se refiere a la que se supone debió ser la noticia más feliz ¿nuestro hijo? ¿se atreve a llamarlo de esa manera luego de todo esto? Lo miré y quise matarlo con mis ojos. —No será necesario, la prueba fue un error, no estoy embarazada. En medio de mi dolor y orgullo, negué lo que está sembrado en mi vientre. Mi hijo no necesitará de sus sobras, no necesitará de lo que sea que él pueda darle porque lo vea como una obligación. —¿De qué hablas? Seguí empacando lo poco que pude recoger, no quería seguir llorando en frente de él y las lágrimas me amenazaban de nuevo con salir. —Lo que oyes, ya no tienes que preocuparte. Tus planes con tu amante no se arruinaron, no estoy embarazada. Tomé mi equipaje y salí de la habitación.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม