«¡Pero ya ni siquiera mi cuerpo le interesa!», se dijo con desventura. La había desnudado la noche anterior. Le había quitado la ropa mojada, la había secado y la había acostado… ¡pero todo eso no significó algo para él! «¡Si me hubiera besado!» pensó, «…estoy segura de que eso me habría despertado aunque hubiese estado muerta!» El único recuerdo que tenía de aquella farsa de matrimonio, era el beso que le había dado para evitar que hablara y ese extraño momento en que había estado arrodillada a sus pies y al levantar la mirada hacia él había descubierto en sus ojos una expresión que la conmovió hasta el fondo del alma. ¡Sin embargo, debió haberse equivocado al pensar que eso significaba algo! ¡Había fracasado… lo había perdido para siempre! Las lágrimas de Lucrecia se convirtieron en

