CAPÍTULO VEINTIUNO Sartes soltó un grito de alegría cuando la carreta de bueyes avanzaba dando saltos por el camino. Él y Bryant todavía iban mucho más rápido de a lo que los bueyes estaban acostumbrados pero, de momento, gozaban de ello. “¡Somos libres!” exclamó Bryant a su lado. “¡Libres!” Sartes sonrió al oírlo. El otro chico parecía más fuerte solo por haber escapado. A pesar de que la penosa delgadez y las señales de maltrato estaban todavía allí, tenía la esperanza de que hacía que pareciera menos probable que pudiera derrumbarse en cualquier momento. Sartes sospechaba que él daba la misma impresión. Sin duda él sentía que quería que aquel momento nunca terminara. Aún así, sabía que lo haría. Al final, tendrían que aminorar la velocidad de la carreta, aunque solo fuera para evita

