CAPÍTULO VEINTITRÉS A su pesar, Ceres sentía cómo crecía su emoción mientras la falsa fila de esclavos entraba por las puertas exteriores del Stade. Recordaba la última vez que había entrado en aquel espacio. Recordaba el ruido de la multitud gritando su nombre. A pesar de la piedra de las paredes, ahora podía oír a la multitud, sus gritos crecían en intensidad mientras exigían que siguiera la violencia. Ceres podía oír la emoción y sabía que o se saciaba tal y como quería Lucio o podía virar hacia otra cosa. Casi llegaron al suelo del Stade sin que los guardias les cuestionaran. Pasaron emitiendo un retumbo por las puertas exteriores sin ningún comentario y después llegaron a las instalaciones interiores de la arena. Fue al llegar a las puertas de hierro que dan a la arena cuando los

