CAPÍTULO IX-4

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—!Nunca! Y espero, con el tiempo, borrar todo el mal que hizo. Sólo cuando la revolución estaba prácticamente sofocada, supe que había enviado una banda de asesinos ajeno, con instrucciones de matar al Primer Ministro, que fue siempre su gran enemigo, "y librarse de ti. —¿Me habrían… matado? —Te habrían puesto de regreso en el barco, si éste se encontraba todavía anclado en la bahía, pero, de haberte encontrado como yo te encontré, completamente sola, sin duda te habrían asesinado. —¡Así que tú me salvaste! —Despaché a todos los soldados de los que podía disponer para que se encargaran de apresar a la banda de asesinos en el camino hacia Djilas. Pero calculé mal el día de tu llegada. De pronto, me di cuenta de que, como todos los preparativos del recibimiento habían sido cancelados, er

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