En Adrian todo era diferente, a él no le interesaban los lujos, había nacido en ellos y sus intereses de vida eran otros, disfrutaba cada momento con su mujer, dentro y fuera de la cama, por lo que pretendía enamorarla todos los días, tratando de que ella lograra “centrar sus ideas” sobre su relación, para lo cual sobraban los detalles como las veces en que ella regresaba a casa encontrándose con un ramo de rosas y Vianey le decía “Te las mandó Adrianito” Y muy a pesar de que a Jennifer le conmovía más recibir un ramo de rosas que una joya cara, ya que no le gustaba usarlas, le era imposible sacar a la luz sus más profundos sentimientos Un día después de haber tenido un largo “juego previo”, Jennifer se sentó desnuda en la orilla de la cama con sus pies apoyados en el piso, recostó su es

