Hablar de mi situación con Zoe ha sido una tortura para mí, pero supongo que hablarlo me ayudará a superarlo más rápido. La razón de nuestro divorcio fue mi culpa y eso ha sido porque le fui infiel y todo por una estupidez.
Les contaré cómo ha sucedido desde el inicio de nuestras discusiones...
Dos años atrás.
Zoe ya había dado a luz a nuestra última hija, Lisa. El día del parto casi muere por una hemorragia, temía perderla y que nos dejará a la deriva. Nuestro matrimonio tuvo sus momentos buenos y momentos malos. Perdimos a seres queridos. Conocimos personas nuevas. Amamos más de lo que amábamos. Nos hicimos padres. Éramos ella y yo contra el mundo.
Después de lo sucedido con Lily creí que no volvería a amar, pero estaba tan equivocado y fue Zoe quién me hizo tragar mis propias palabras cuando la conocí. Me convertí en un hombre que no esperaba ser y me refiero a ser muy cursi con ella y es algo que no me arrepiento.
El día de nuestra boda le prometí regalarle flores todos los diecisiete de cada mes, ¿Por qué el diecisiete? Porque fue un día diecisiete que nos casamos y quería que ella supiera que jamás olvidaría nuestra fecha especial.
El diecisiete se convirtió en la fecha nuestro aniversario.
El diecisiete nos demostramos el verdadero amor que nos teníamos.
El diecisiete iniciamos nuestra nueva vida.
¿Cómo no iba a conmemorar esa fecha? Una fecha que ha sido muy especial para nosotros dos. No había fallado, todos los días diecisiete de cada mes le llevaba sus flores favoritas y no importaba si estábamos enojados o felices, siempre le daba un ramo de flores. Solía volver a casa temprano para sorprenderla de diferentes maneras. Dejamos a las niñas al cuidado de mi abuelo o de Clarisa y salíamos a una cita. El tiempo se nos pasaba muy rápido.
Me encantaba verla sonreír.
Me encantaba escuchar su risa, era la mejor melodía para mis oídos.
Me encantaba ver cómo sus ojos brillaban.
Toda ella me encantaba.
No importaba cuánto tiempo llevábamos juntos, no me cansaba de ella en lo más mínimo. Despertar a su lado era lo mejor. Besarla. Abrazarla. Decirle te amo. Todo era lo mejor, pero un día todo comenzó a cambiar.
El trabajo requería cada vez más mi presencia. Los viajes de negocios se volvían más frecuentes y en algunas ocasiones Zoe y las niñas me acompañaban y disfrutábamos de un tiempo en familia, pero después las niñas comenzaban sus clases en el jardín y se volvió difícil viajar juntos.
—Jason, no olvides recoger a Mía de sus clases de ballet y a Nelly del jardín.
—No puedo.
—Prometiste ir por ella.
—Lo siento cariño, pero no puedo. No vendré temprano a casa, estaré en la oficina.
—Jason no podré ir por Mía y por Nelly, hoy debo reunirme con unos clientes que desean ser parte de la fundación para los niños con cáncer. Te pregunté varias veces si podías ir por ellas para avisarle a la niñera.
—Llámala y dile que vaya por ellas y asunto resuelto.
—Se lo prometiste a Mía.
—Zoe entiende que no puedo esto es importante.
Me quedo callado al ver que había alzado la voz para qué dejará de insistir. Su mirada reflejaba una sola cosa: decepción.
—¿Desde cuándo es más importante la empresa que tu familia? Olvídalo, iré por ellas.
Zoe no me da la oportunidad para disculparme por mi mal actuar. Desde hace una semana y media llevábamos discutiendo todos los días, fuera lo que fuera por más mínimo que fuera discutíamos. La veo irse azotando la puerta.
—Mierda.
Sabía que sería imposible que me escuchará en este momento. Su enojo siempre la cagaba y lo mejor era darle su espacio. Me recuerdo mentalmente ir por las niñas cuando salieran de sus clases y hasta entonces debía solucionar los problemas de la empresa para poder ir por ellas. Sin embargo, lo olvidé... Olvidé que debía ir por ellas y el mensaje de Zoe fue el que me hizo caer en cuenta de otro error que había cometido. Las niñas habían salido hace más de tres horas de sus clases y Zoe tuvo que ir por ellas porque lo olvidé. Sabía que al volver a casa las discusiones volverían a hacer presencia entre nosotros dos y así fue.
—Perdón, me olvidé de la hora.
Su silencio era lo peor, preferiría escucharla gritar.
—Zoe...
—No voy a discutir, no hoy.
—Zoe...
—Jason no sé qué está pasando entre nosotros, pero te pido que, por favor, no discutamos hoy.
En lugar de escucharla, decidí dejarme llevar por la rabia.
—¡¿Por qué es tan difícil para ti entender que era importante solucionar lo de la empresa?!
Agacho la mirada al caer en cuenta que había vuelto a gritarle cuando le prometí no volver a hacerlo.
—Sé que cometí un error el haberme olvidado de ir por las niñas, pero no podía. Era importante.
—Hoy no.
—Debemos hablarlo. ¿Por qué quieres aplazar esta conversación? Ya la hemos aplazado varios días y cada vez que pasan los días las discusiones son peores.
—Hoy murieron dos niños de cáncer y eran niños con los que nuestras hijas jugaban, hoy no quiero discutir contigo, porque estoy de luto. ¡Hoy no!
—Zoe... Mierda.
Cierro los ojos y me siento en la cama luego de que se va dejándome solo. Apoyo los codos sobre mis piernas y me inclino para envolver mi cabeza con mis brazos para después pasar con fuerza mis manos por mi rostro.
—Soy un imbécil. Bien hecho Jason.
Me recrimino. Esa noche volvería a dormir solo. Zoe se había encerrado en el baño de visitas y la escuché llorar. Toqué la puerta para hablar con ella y disculparme por haber sido un completo idiota, pero nunca abrió. No tuve más opción que darle su espacio. Esperé a que regresará a nuestra habitación, pero no lo hizo y cuando fui a buscarla, la vi entrar en la habitación de Nelly y Lisa para darle las buenas noches, aunque ya estaban dormidas cuando he llegado a casa. Me quedo en el pasillo a oscuras para esperarla. Ella no se da cuenta de mi presencia o parecía ignorarme a propósito. Entra en la habitación de Mía, pero antes de que la acostará, Mía le habla con tristeza en su voz y eso me hace sentir peor de lo que ya estaba.
—¿Por qué papi no fue por nosotras?
—Papi estaba ocupado, cielo.
—Pero prometió ir por nosotras. Quería enseñarle mi nueva rutina.
—Lo sé, cielo. Mañana podrás mostrarle a papi la rutina nueva y le contaremos del recital. ¿Está bien?
—De acuerdo.
—Hasta mañana mi princesa, dulces sueños.
—Hasta mañana, mami.
Zoe sale de la habitación y pasa por mi lado. Estaba en lo correcto, ella me ignoraba a propósito. La sigo en silencio y la veo agarrar su pijama e irse al baño para cambiarse. Esperé pacientemente a que saliera y poder hablar con ella.