capítulo 32

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Durante el primer mes de tratamiento, el cabello de Luciana comenzó a caerse hasta el punto que tuvieron que cortarlo por completo para que no tuviera que pasar por el proceso de ver como su cabello se caía cada día. Sebastián nunca se hizo presente mientras Luciana estaba despierta pero cada vez que ella se quedaba dormida él entraba a su habitación y La cuidaba toda la noche. Antes que Luciana pudiera despertar él se levantaba y se iba de la habitación. Durante todo el tratamiento lo hizo cada día, si. Falta. Todos sabían el esfuerzo que estaba haciendo Sebastian por Luciana y sus acciones demostraban lo mucho que la amaba. Estar con sus esposa en los peores momentos demostraba que era un gran esposo, pero aparentemente Luciana no podía darse cuenta de eso. Cuando se necesitó la médula ósea para Luciana, Roberto no había conseguido un donante. En la familia de Luciana, la única persona compatible con ella era su abuela quien era imposible que la ayudara, debido a su avanzada edad y sus antecedentes de que recientemente acababa de vencer el cáncer. Sebastian había investigado mucho sobre la enfermedad y ya era un experto en la materia, al no encontrar un donante adecuado Sebastian decidió hacerse la prueba HLA, para determinar si el podía ser el donador de la médula ósea de su esposa. Aunque los exámenes podrían salir en 1 o 2 semanas, cómo había sucedido con los demás que se habían hecho la prueba, Sebastian pagó mucho dinero para que los encargados de hacer las pruebas trabajarán toda una noche y le dieran respuesta lo antes posible. El día siguiente con una gran sonrisa en el rostro Roberto llevo los resultados con Sebastian — ¡Son compatibles! Sebastian nunca pensó que él podría ser compatible, simplemente pensó que como esposo debía ser responsable y hacer todo lo que estaba en sus manos para salvar a Luciana. Sebastian miro los resultados y no dejaba de saltar emocionado — ¡Mi esposa se va a salvar! Algunos pacientes que estaban siendo llevados por las enfermeras aplaudieron y el ambiente se volvió muy animado. Después de los cuatro meses más largos que habían pasado ambos. Sebastian decidió hablar con ella para decirle lo que había sucedido. Empujo la puerta con una sonrisa en su rostro — Luci, no te imaginas los que sucedió ¡Esto es increíble! Luciana frunció el ceño y lo miró con desprecio — ¿Qué haces aquí? — Luci, hay un donante de médula, ¡No te imagi… — Esa información me la pueda dar el doctor Roberto, no es necesario que vengas aquí. — Luci… — ¡Sebastian! ¡Ya basta! No quiero que te acerques a mi ¡Sal ahora! Sebastian sonrio con frustración y a la vez se burló de si mismo por seguir insistiendo "Estos meses han sido la mayor tortura de mi vida, pero ella solo quiere que me aleje de ella, aunque se despierta en medio de la noche y sabe que siempre la he acompañado y he cuidádo tanto de ella, nunca me ha dado animos, ni palabras dulces o la oportunidad de ser su esposo, realmente nose que hice mal" Roberto esperó a que su amigo saliera y lo recibió con una sonrisa — ¿Que te dijo? ¿Te perdono? ¿Está contenta? Sebastian colocó los resultados en el pecho de Roberto y con mucho agotamiento camino hacia la oficina de Roberto que prácticamente se había convertido en su casa. — ¿Qué sucedió? — No quiere verme y yo creo que tampoco quiero verla, necesito olvidarme de ella. — Sebastian… — Roberto, gracias, has sido un gran apoyo para mí todo este tiempo, creeme que de no ser por ti, me hubiera vuelto loco. Roberto palmeó el hombro de su amigo y se comportó con mucha humildad — no es nada, somos amigos y es lo menos que puedo hacer por ti. Ambos hombres guardaron silencio por un minuto, hasta que finalmente Roberto rompió el silencio y fue al grano — ¿Qué piensas hacer? — voy a ser su donante de médula, será lo último que haga por ella, espero que no le digas que fui yo quien donó la médula. Roberto negó con rapidez y se sintió mal por su amigo "nunca imaginé que Sebastián pasaría por esto" Sebastian regreso a su casa está vez y fue la primera vez que no durmió al lado de su esposa. Luciana se despertó en medio de la noche y miró el lugar vacío a un lado, era la primera vez que Sebastián no regresaba, en todo el tiempo que había recibido tratamiento. Luciana tapó su rostro y comenzó a llorar sin parar. La ausencia de Sebastian le provocaba demasiada tristeza, pero era consciente de que ella era la culpable de todo. Después de llorar durante casi toda la noche, Luciana por fin despertó pero sus ojos estaban muy hinchados. La mujer que siempre le entregaba su desayuno como de costumbre, se acercó con el carrito de comidas y fue dejando platillos encima de la mesa de Luciana. Luciana pensaba que conseguiría el mismo sabor de todos los días, el sazón que solo le ponía su esposo a la comida, pero para su decepción cuando la probó, se dio cuenta que era la comida insípida del hospital, lo que normalmente comían otras personas y que la comida ya no estaba cocinada por Sebastián. Su rostro cambió por completo, no le gustaba para nada la comida, pero parecía que era lo que tendría que comer de ahora en adelanté, debido a que ella misma fue quien se encargó de ahuyentar a su esposo. Luego de tres días Roberto había preparado todo para realizar el trasplante de médula, pero Sebastian se negó a recibir anestesia. — Sebastian, el procedimiento es doloroso, tienes que usar anestesia. — No la necesito, quiero que duela, esto será lo último que haga por ella y espero que el dolor quede grabado en mi mente, para saber que no debo acercarme más. — Eres demasiado extremo, no es justo que te tortures de esa manera, a ella no le va a importar. Sebastian también lo creía así en su corazón, estaba seguro de que a Luciana no le importa aún si moría desangrado a su lado, pero él quería hacerlo como una manera de cerrar un ciclo y olvidarse de ella — No importa, estoy bien con eso, lo hago por mi. Roberto lo miró con tristeza y continuó con el doloroso proceso, sin mediar más palabras con él.
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