Emily —Me decepcionarías si fuese así —ahora son dos con los que me tengo que enfrentar. Me giro hacía ella y la veo emergiendo de la piel calcina como si nunca le hubiese causado daño, sonríe victoriosa, sin embargo, la felicidad no le durará mucho, pienso hacerla sufrir tanto que ella misma implore por la muerte. —Eres una imbécil, cualquier daño que me hagas fácil desaparece de mi cuerpo con solo mudar de piel —claro como no iba a ser así, es una víbora asquerosa. —No sabía que las sabandijas podían mudar de piel —reto —, además te equívocas al imaginar que tengo miedo de ti —declaro, recordando que mi hija estará conmigo brindándome su fuerza. —Puedes burlarte todo lo que quieras, al final, la victoria será solo mía —dice con evidente ira. El celaje veloz de un lobo pasa como un

