CAPÍTULO VIII-3

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La puerta de la casa estaba abierta, y uno de los lacayos introducía a través de ella un paquete. El sirviente la miró asombrado. —¿Ha venido Su Señoría el Marqués?— preguntó. Al escuchar su voz, salió del interior de la casa otro lacayo, y después de mirarla un instante, fue en busca del mayordomo. En cuestión de segundos, el mayordomo salió corriendo a la calle. —Milady, ¿pero qué ha ocurrido?— preguntó alarmado— ¿En dónde está Su Señoría?— preguntó Druscilla. —Su Señoría no ha venido— contestó el hombre—. Su faetón iba a esperarlo en otra parte. —¿En dónde? El mayordomo vaciló y entonces ella dijo con voz aguda: —No sea tonto, hombre de Dios. La vida de Su Señoría está en peligro y tengo que advertirlo. ¿Cuál es la dirección de la señorita de Silva? La sorpresa se pintó en el ro

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