Narra Bárbara
Después de aquella discusión, las cosas entre mi madre y Alexander se tornaron pesadas; a él lo volví a ver hasta el otro día, puedo decir que no se despidió de ella, simplemente se quedó en el jardín y volvió a entrar a la mansión cuando ella se fue.
Un sábado en la mañana en casa de mi padre, estaría en el almacén ayudándole con las ventas, pero ¿Qué se supone que haga hoy?
Opté por irme a la biblioteca, el día será demasiado largo. Preferí invertir mi tiempo en mi proyecto, no tengo más opción.
Mi trabajo es crear un espacio bajo un concepto visto en clase, tenía muchas ideas antes de venir aquí, pero estoy en medio de un jodido bloqueo que no me deja avanzar.
Me crucé de brazos y observé lo que llevo, mientras pensaba en eso, mi mente se distrae y piensa en algo más.
—¿Qué haces? —escuché una voz.
Miré de lado a lado sin saber si esa voz es producto de mi imaginación o es real.
—Veo que llevas la mayor parte de la mañana aquí.
No era mi mente, Alexander había entrado a la biblioteca.
—Sí, estoy… estoy en esto —dije señalando frente a mí.
—No bajaste a desayunar.
—Lo hice, pero muy temprano; creo que estabas en el jardín cuando estaba en el comedor.
Parece que él también está un poco aburrido.
—¿Lograste terminar?
—Oh, pues… en realidad no he avanzado nada, sigue igual desde el otro día. Esto me está tomando más tiempo del que pensé.
Alexander se acerca más y se detiene a un lado de mí. Al inhalar pude sentir un ligero olor a jaboncito, creo que está recién bañado.
—¿Qué es lo que te ha atrasado?
—Creo que todo, cuando tengo una idea no logro abordarla como debería. Debía contrastar los colores y siento que se ve bien, pero al tiempo no me siento conforme. Ni yo sé lo que quiero, quizás mi idea no está del todo concreta.
—Quizás puedo ayudarte, ¿puedo sentarme contigo? Entre los dos podamos hacer algo.
—Claro.
Es muy amable y colaborador, comprensivo y prudente, inteligente y conversador; ¿hay más cosas buenas en él?
Alexander rueda la silla y se sienta a un lado de mí.
—Bien, estos son los tonos que quiero usar en forma general, aquí están los demás y a pesar de tener una variedad amplia, no termino de convencerme. Mi idea es crear un espacio minimalista y al tiempo moderno, estos son algunos de los borradores.
Alexander los mira y entre los que yo que escogí saca un par, pero luego busca en las otras opciones y en el lado opuesto del circulo cromático, saca otro color.
—Son tonos opuesto —dije poco convencida de lo que veía.
—Lo opuesto es lo que mejor contrasta, quieres modernismo y al mismo tiempo sobriedad con el tema minimalista, esto es como las fichas de un rompecabezas; deben ser diferentes para que encajen.
Él usa esas opciones y al momento de juntarlas, mi idea empieza a tener forma.
—Un punto de vista interesante —susurré sorprendida.
—De esa forma lo veo todo, Barby.
—¿Y todo es?
Él muestra una ligera sonrisa y dice:
—Hasta el amor.
—Quisiera escuchar un poco más sobre eso.
Su respuesta fue interesante, demasiado, diría yo.
—¿Un café en el mirador del sol?
—¿Eh?
—Hay un mirador que me gusta mucho cerca de aquí, ¿te parece si luego de hacer esto vamos?
Asentí emocionada.
Como algo extraño, las ideas empezaron a encajar. Trabajar juntos es agradable, nos va bastante bien, es un hombre basta amplio en temas y más si de arte se trata. Avancé muchísimo con Alexander, en menos de dos horas hice más de la mitad de mi trabajo.
—Creo que podemos finalizar después, ¿vamos a ese mirador? Estoy ansiosa por conocerlo.
Las energías del día fueron cambiando, por primera vez desde que estoy aquí, sentía que la mansión de mamá, era agradable.
—Bien, entonces iré a cambiarme y te espero abajo ¿está bien?
Asentí y corrí emocionada a mi habitación, aunque tuve un momento de crisis porque olvidé que mi ropa ya no estaba en mi closet, pero a la vez, sentí que esto podría gustarme. En mis planes no estaba verme igual que aquellas chicas del club, pero hoy quiero verme bien, quiero sentirme bonita.
Aquel estilo era diferente al mío, prendas más ajustadas y otras más reveladoras, pero el resultado en mí, me gustó. No soy una mujer muy activa para los deportes, pero tengo una dieta balanceada, tengo cuerpo proporcionado y no, no tengo lonjas como mi madre lo dice a los cuatro vientos; no estoy llena de celulitis, solo tengo un cuerpo normal, y es normal tener imperfecciones y eso me gusta, no puedo ser perfecta, pero ahora que ella no está en casa, me siento mejor, me siento más segura y tranquila porque no estará señalándome o criticándome en frente de otros.
Aquel mirador estaba cerca, pero no tan cerca como para ir caminando. Alexander sacó su auto del estacionamiento y quedé sorprendida por su vehículo deportivo.
—Vaya, es muy bonito tu auto —dije al verlo recostado en su auto.
—Me gustan los vehículos deportivos, ese gusto lo heredé de mi padre y…
Alexander me observa y por un momento quedó sin palabras.
—¿Nuevo estilo?
—Sí, nuevo estilo forzado.
Miré los gustos heredados de Alexander y pensé que los gustos que puedo heredar de mamá es por las cirugías estéticas.
—¿Nos vamos?
Subí a su auto y durante el camino seguíamos hablando, no podía creer que había ideas en las que teníamos afinidad, era impresionante.
—También creo que los hijos no son a la ligera, a mi edad ya debería tenerlos, pero tampoco siento sea responsable hacerlo en medio de tanto estrés laboral. No hay que tenerlos por presión social, tener hijos no es una obligación, es una decisión que se debe tomar con serenidad.
—¡Exacto! Pienso igual, muchas de mis amigas ya desean comprometerse e iniciar una vida de madres y todo eso, pero detesto que denigren a las que no piensen igual. Yo tampoco siento que sea el momento, quiero hacer muchas más cosas antes; encontrar un buen empleo, tener tranquilidad y libertad financiera, viajar y hacer muchas cosas que quizás más adelante deba sacrificar por cuidar de un ser que se convertirá en mi todo. En realidad, quiero ser la mejor mamá, pero no quiero apresurarme, no quiero dejarme llevar de presiones, porque las cosas pueden cambiar y no quiero que mis hijos se vean afectados de mis decisiones futuras. Crecí sin una mamá y no es tan lindo, no puedo romantizarlo; no hay nada como crecer con padres…
Me detuve y frené mis palabras, no quería entrar en esos temas con Alexander, no creo que sea apropiado.
—Lo siento, creo que me estoy desviando un poco.
—Está bien, si es algo de lo que quieres hablar, entonces hazlo; soy bueno escuchando.
Mordí ligeramente mis labios y sentí que mis ojos volvieron a brillar.